Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Ayer hablé de La noche de la iguana y, de pronto, me acordé de una historia preciosa que cuenta Budd Schulberg en sus memorias. Un día coincidió en una playa de Puerto Vallarta con Elizabeth Taylor, quien estaba esperando a Richard Burton, entonces en pleno rodaje, acompañada de su hija Lisa.
Budd conocía a Liz prácticamente desde que era una mocosa y rodaba sus primeras películas como estrella infantil de la MGM. El guionista y escritor le contó algunas anécdotas de otros niños prodigio y de cómo acabaron… En el arroyo, claro.
¿De quién era la culpa? ¿De ellos, de la industria o de unos padres ambiciosos cegados por el brillo de un dinero fácil (fácil para ellos, claro; para el niño es otro cantar)? Liz se puso rígida cuando salió el tema: "Haga lo que haga por ella, jamás someteré a Lisa a la clase de vida a la que me sometieron a mí mis padres".
Aquí el autor introduce una nota, mmmm, digamos vagamente pedófila:
“Eché una ojeada a la pequeña, que estaba jugando en la arena. Sin ser una réplica de su madre, ya irradiaba su sensual belleza. Fotogénica e irresistible.”

Después, Budd Schulberg y Liz continúan cotilleando en una esquina de la playa, como dos viejos amigos.
“De pronto, mientras Liz y yo hablábamos, una lancha motora se acercó a la playa. Yo apenas la miré pues la consideré parte del escenario. Pero Elizabeth tenía las antenas puestas. Vio cómo el cámara apuntaba con su arma a su hija desde la proa. La serena mujer que había estado hablando conmigo en voz baja para no alterar la entretenida calma de su pequeña se transformó en una fiera. “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Largo de aquí, cabrón! ¡Deja de seguirnos o te rompo la maldita cámara! (…) La transformación fue escalofriante.”
Sí, uno piensa en todos esos niños prodigio y en sus padres y en sus propios hijos (y en los hijos de Carmina, de paso) y comprende muchas cosas. El dolor y el desgarro, por ejemplo. Dos cualidades de lo más vigentes hoy día, sobre todo en algunas cadenas, pero sin la más mínima empatía, me temo.
Moraleja: Súper a favor de las estrellas infantiles: Liz, Natalie Wood, Judy Garland… incluso Marisol.
tombola
yo especialmente a favor de marisol
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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