De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
28 Febrero 2008

Pasión y refrito, cóctel mortal

Hoy TCM Clásico emite El barco de los locos, El manantial y El premio, tres películas de las que ya he hablado en anteriores ocasiones. En principio y a simple vista, no tienen nada en común. Se trata de tres películas completamente dispares; cada una de ellas tiene un carácter completamente diferente de las otras dos, a saber:

1. El barco de los locos es un fresco de época, una de esas películas tipo Gran Hotel en la que su máximo atractivo reside en sus estrellas: Vivien Leigh, Simone Signoret, Lee Marvin… El comentario de TCM en el que cuentan cómo al final del rodaje organizaban un baile mientras Vivien Leigh se iba poniendo más y más melancólica al ritmo de la banda sonora de Lo que el viento se llevó es escalofriante. También lo es la anécdota que conté acerca de los electrochoques de ella, ya convertida en un fantasma, en una mujer rota:

"Vivian, la pobre, estaba COMO UN CENCERRO. Como diría mi amigo La Pontiac, "loca del coño". Rodó La primavera romana de la Señora Stone por la tarde porque por la mañana iba a la clínica psiquiátrica a someterse a electrochoque. Luego, cuando llegaba al rodaje con la frente achicharrada, le pedía a la maquilladora: "Cúbrelo, por favor". Por eso tiene ese careto en la peli, entre los electrodos y el potazo, apenas si da pie con bola. Es ESCALOFRIANTE".

2. El manantial es una peli de otro tipo, básicamente viril. Paradójicamente, está basada en el best-seller de una escritora con fama de tijera, Ayn Rand, fascinada con la filosofía de Nietzsche. Para mí, se trata de un título de culto, de una escritora de culto y de una actriz de culto (Patricia Neal), a la que adoro (sólo ella es capaz de robarle la cámara a un animal como Audrey Hepburn, y sin embargo cuando comparten plano en Desayuno con diamantes sólo soy capaz de mirar a la Neal, que está fantástica).

3. El premio, en cambio, es otra cosa. Una especie de divertimento, de bobada sin pretensiones, de plagio de Alfred Hitchcock. Bueno, tal vez sí. Pero también es una de mis pelis favoritas. No se me ocurre mejor plan para una tarde de sábado que ver a Paul Newman desnudo, cubierto apenas por una toallita mínima; bueno, para una tarde de sábado o de cualquier día, qué coño… Paul Newman es el hombre más guapo del siglo XX. Con diferencia.

Bueno, como veis se trata de tres películas que no tienen ninguna relación entre sí, que no tienen nada que ver, que… ¿A que sí? ¡Pues no! Para nada. Si os fijáis bien, si las veis con cariño y atención, con esa predisposición de ánimo con la que hay que enfrentarse a los milagros, veréis que hay un elemento que las une, que las tres tienen un ingrediente común: pasión.

Sus actores son gente apasionada que cree en lo que hace. No interpretan. Viven. Son. Y solo para ti. Para tus ojos. Para tu deleite. Si eso no es un regalo, que venga Dios y lo vea…

Moraleja: Hoy es uno de esos días en los que no perece la pena salir a la calle. No lo hagas.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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