Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Este verano me leí las memorias de un escritor de best-sellers bastante famoso en la década de los años 40 y 50, pero del que hoy apenas se acuerda nadie, Eric Ambler. Su libro más conocido es La máscara de Dimitrios, una novela negra que no tiene nada que envidiar al mejor John Le Carré (un escritor que a mí me parece un facsímil desleído de Graham Greene, pero que a algunos popes de la crítica contemporánea les pone muchísimo… no entiendo por qué).
En ella, un escritor británico que tiene toda la pinta de ser un trasunto literario del propio Ambler se mete en una trama internacional de espionaje, mafia y asesinatos que, poco a poco, se va complicando hasta que Una ya no sabe muy bien a dónde va a ir a parar todo: si a Estambul, a París, a Bucarest o a Viena.
El libro se convirtió en un best-seller y Hollywood compró los derechos. La Warner escogió a Jean Negulesco para dirigir la adaptación al cine, una elección que dejó helado a más de uno. Negulesco era un dotado director de actrices y se le asociaba con las películas de corte romántico, ya fuesen comedias, musicales o melodramas. Pero… ¿un thriller? Eso había que verlo.
El resultado, sin embargo, no pudo ser mejor. Se trata, probablemente, de una de sus mejores películas (aunque por razones sentimentales, Yo me quedo con Cómo casarse con un millonario; os podéis imaginar las razones, claro). No hay un ápice de glamour en la Europa que refleja Negulesco, al contrario: el director de origen rumano prefiere mostrar sin tapujos las cicatrices de una Europa que aún se recuperaba de la tragedia de la Primera Guerra Mundial y de la resaca de la depresión económica que supuso el germen de los gobiernos fascistas que la llevaron de cabeza a otra nueva guerra.

Viendo la máscara de Dimitrios [arriba, Peter Lorre caracterizado para la peli en el set de rodaje] uno no se imagina que su realizador era conocido en la Meca del Cine como el director mejor vestido de Hollywood (69 pares de pantalones deportivos, 53 chaquetas, 50 corbatas y tres docenas de sombreros llegó a tener en su armario) ni al bon vivant que confesó en más de una entrevista: “Sí, es verdad: me gusta el lujo y vivir bien”. Hoy, los directores, sobre todo si son españoles, suelen decir paridas del tipo: “No, a mí el glamour no me va. A mí dame una camiseta vieja, unas rastas mugrientas y una buhardilla (sin ascensor) y en Lavapiés y soy feliz”. Peor para ellos. Yo estoy con Negulesco: si hay que vivir, prefiero hacerlo bien.
Negulesco murió en Marbella, en la que residía desde el año 1969 (felices tiempos previos a la mierda actual), de un ataque al corazón. AMO a Negulesco.
Moraleja: Mejor una máscara que una rasta, dónde va a parar…
Mini
habría que dar pistas actualizadas para muchachas perdidas, a ver si alguna logra eso de casarse con un millonariejo.
el otro Ben-Hur (Ramòn Novarro)
A mí de Negulesco me gusta hasta el apellido, sobre su afición con los millonarios no me extraña, recuerdo las calabazas que me dió hace un año, por culpa de mí pobreza, la verdad que tenía mucha razón, valiendonos de nuestra belleza y encantos inconfesables, tenemos que ayudar a los tontos que tienen dinero y no saben que hacer con él.
Siempre tuyo
el otro Ben-Hur (Ramòn Novarro), no t sigo en el comentario. Si en tu magnanimidad, please, m lo explicas.....
El Marqués de Portugal-Este
Qué ejemplo para mucho director de cine español... ¿De arte? Sí, y de vestuario.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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