Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
1. A mí, los Oscar me tocan las varices por varias razones. Para empezar, los emiten de madrugada. Yo, si tengo que quedarme despierta hasta las seis de la mañana, espero que sea por una buena razón, a saber: a) alcohol, y b) sexo. Por ese orden.
Desde luego, si no voy a disfrutar de una cosa ni de la otra que no cuenten conmigo. Que se queden en vela otros. Yo desisto. Lo admito: soy MUY CICATERA con el antiojeras. Uso el mejor y NO voy a desperdiciarlo.
2. Otra razón de peso es que este año las películas que se disputaban “la preciada estatuilla” (en torno a esta ceremonia hay tantos tópicos como en una esquela de Juan Cruz) me parecían un horror de principio a fin. O sea, Juno (Dios nos coja confesados), Pozos de ambición (pues eso, al pozo del tío Raimundo), No es país para viejos (ni para mí, desde luego), Expiación (que es lo que tendría que hacer su director durante 40 años vagando desnudo por el desierto) y Michael Clayton (que no he visto, pero es que a mí George Clooney me deja COMPLETAMENTE indiferente)… Perezón total.
3. Hay otras muchas razones. Por ejemplo: ¿qué tienen en común Orson Welles, Sam Peckinpah, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, David Lynch o Robert Altman? Pues que no tienen un Oscar. Ni falta que les hace. Ahora va a resultar que la Academia es sinónimo de criterio. Jajajaja. Os recuerdo que José Luis Garci se llevó uno por Volver a empezaaaaaaaaaaaar, que premiaron el (anti)guión de Hable con ella, que le dieron un Oscar a Marlee Matlin (la mudita de Hijos de un Dios menor… muy menor; una señora a la que yo le daría un Oscar… y una guillotina), a James L. Brooks por La fuerza del cariño (un melodramón espantosísimo no apto para diabéticos, que, por cierto, también se llevó el Oscar a la Mejor Película)…

En fin, que, lo que es por mí, los Oscar pueden empezar —y acabar, de paso— dentro de unas horas. Yo ya me enteraré mañana. O pasado. O tal vez, con un poco de suerte, el año que viene, cuando me vuelva a sentir como una extraterrestre porque el resto de la humanidad está como loca por la alfombra roja mientras, en mi Yo más profundo, por la única alfombra que suspiro es por una, diviiiiiina, de Aubusson.
Moraleja: Si finalmente Javier Bardem se lleva el Oscar, que Dios nos coja confesados. ¡Qué overdose!
V.
¿Y cuál es el mejor antiojeras?
Louella
La Prairie. ¿Hay otro?
V.
No sé ¿Kanebo? ¿Shiseido? Todos esos japoneses con tanto zen. Hablo de oídas (y leídas por internet). Yo uso el de Deliplus y con suerte...
Saludos!
Louella
Yo soy muy fan de las marcas blancas, pero me pasa como con los músculos o las barrigas: me encantan... en los demás.
El Marqués de Portugal-Este
Como dijo Dustin Hoffman, un oscar es la única razón por la que mi madre aceptaría verme en televisión acariciándole a un señor los (¿cataplines?)...
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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