De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
19 Febrero 2008

¿Ropa interior o ropa exterior? ¡Ambas!

Frank Capra no es, ni muchísimo menos, mi director de cine favorito. Es más, reconozco que detesto muchas de sus películas unánimemente consideradas como obras maestras. ¿Una aberración? ¿Anatema? Pues supongo que sí. Sobre todo, si tenemos en cuenta que dirigió tres de mis comedias favoritas, la desternillante Arsénico por compasión, la encantadora Vive como quieras y Sucedió una noche, una delicia.

¿Por qué me gusta Sucedió una noche? Pues, básicamente, porque es perfecta. También porque inaugura uno de mis géneros favoritos, la screwball comedy, o sea, ese tipo de comedias románticas muy disparatadas en el que dos personajes, una chica (generalmente una rica heredera, o sea, YO) y un chico (generalmente todo lo contrario, o sea, casi todos los demás), se odian ferozmente, pasan mil vicisitudes, se vuelven a odiar, pasan por otras mil calamidades y al final, ¡oh, milagro!, resulta que ya no pueden vivir el uno sin el otro. El amor es así: del amor al odio, y viceversa, sólo hay un paso.

En este caso, ella (Claudette Colbert) es la hija de un millonario y él (Clark Gable), un reportero muerto de hambre [hay que reconocer que, hoy día, las cosas han cambiado bastante poco: los periodistas se dan muchos aires, pero siguen siendo unos pelagatos a la caza y captura del canapé perdido]. El resto os lo podéis imaginar…

Bueno, el caso es que Sucedió una noche, además de por la maravillosa escena del auto-stop (ésa en la que Claudette Colbert le demuestra a Clark Gable que si quieres llegar a alguna parte no hay nada como enseñar cacho… que se lo digan a Norma Duval), me encanta por otra cosa: el affaire T-Shirt. O mejor dicho: ausencia de (camiseta, se entiende).

En un momento de la película, cuando los dos protagonistas se ven obligados a compartir habitación, Clark Gable se quita la camisa y —ooooohhhhh— muestra sin pudor su pecho desnudo. Vamos, que no lleva camiseta interior. Esa escena provocó una crisis en el sector textil de EE UU, las ventas de camisetas de algodón en aquella época previa a los imaginativos estampados 'con mensaje' cayeron en picado y los comerciantes de toda Norteamérica protestaron indignados. ¿Qué era eso? ¡Habráse visto! Qué guarrada. Qué falta de higiene. Qué…

Sí, los directivos trataron de paliar los efectos de la película y pidieron disculpas a la industria. ¿Demasiado tarde? Pues no, claro que no. Ya sabemos que Hollywood es un filón infalible a la hora de crear modas —y modos, desafortunadamente— y no perdió el tiempo: dos décadas después, James Dean y Marlon Brando popularizaron la camiseta como preciado objeto de deseo. Desde entonces, no hay nada como una camiseta sudada para levantar algo más que pasiones.

Por lo menos en mi caso.

Moraleja: ¡Arriba la lingerie (interior y exterior)! Estoy totalmente de acuerdo con el señor Óscar Tusquets: el desnudo (overdose de) ha matado al erotismo. "El nudismo, ese ataque frontal al erotismo disfrazado de salud". Aaaaaamén.

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Mr Arkadin

Puestos a recordar turbadores escenas de actores-trices con plúmbeos ropajes, me viene a la mente (calenturienta) la Angie Dickinson de Rio Bravo con sus medias negras y su corpiño, capaz de dejar off al sheriff más duro que se vió por las pelis del oeste...

el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)

Ahora que se elogia tanto a los artistas comprometidos, Capra fue uno de los primeros, además de ser el primer director en Hollywood durante la época del sonoro con auténtica autonomia.
Para mí es uno de los grandes, en lo que estoy contigo de acuerdo Louella es que quizás sus tres mejores películas son las que has citado, solo añadiría una Horizontes perdidos.

El Marqués de Portugal-Este

Los argentinos la llamamos "remera"... Más gráfico.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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