Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

Poca gente sabe que Quo Vadis [la emiten el día 26, y YO os la recomiendo vivamente] está basada en un best-seller de un autor del siglo XIX hoy completamente olvidado, el polaco Henryk Sienkiewicz, a quien la Academia Sueca le concedió el Nobel de Literatura en 1905 (yo creo que desde el primer día en la Academia Sueca el vodka, o el ponche o directamente el desatascador de tuberías corren como el agua, pero como el agua fecal: os recuerdo que también le dieron el Nobel a eximios plomazos como Pearl S. Buck y… ¡Jacinto Benavente! ¡Uf!).
Yo, en mi línea, reconozco que SÍ me he leído el libro (dos tomazos) y puedo aseguraros que, además del Nobel, se merece otra cosa: una hoguera. Es un libro acartonado, superficial, melodramático, insulso… En fin, un auténtico horror en toda regla. Es lo que se conoce como cultura de masas. La PEOR cultura de masas.
Yo, por ejemplo, lo comparo con Lo que el viento se llevó, el novelón de Margaret Mitchell —sí, también me lo he leído; como ya sabéis, soy una MUJER CON PASADO— y se me abren las carnes. Los dos son sendos tochos, pero mientras la elegía sureña está escrita con gracia, aunque hay momentos en que se nota que el proceso de escritora fue un poco como el del monstruo de Frankestein, el de pastiche romano es un cúmulo de datos y más datos, envueltos eso sí en papier maché, capaces de aburrir a un rebaño de ovejas (o de esclavos, que son muy de caer exhaustos según el peplum del señor este polaco).
¿Por qué saco esto a colación a estas alturas? Pues porque creo que la cultura de masas puede hacerse bien y puede hacerse mal. Y puede hacerse peor que mal. De hecho, creo que hay casos en los que puede provocar cáncer. No me cabe duda.
Hollywood era especialista en hacer cultura de masas de calidad, cultura de masas con gran estilo, cultura de masas con palabras de dos y tres sílabas... pero ninguna más. Su secreto radica en que jamás se plantearon el cine como un arte, ni siquiera como una artesanía, sino como una fábrica: una película se construía como una cadena de montaje. No había autoría, sino cientos y cientos de manos (unas acreditadas, otras no) tejiendo y destejiendo y volviendo a tejer el tapiz art-decó de una Penélope teñida de platino… con dos grandes melones, a ser posible. La fábrica de sueños siempre ha sido muy partidaria de mostrar cacho con la excusa de la Historia.
Un artista que reivindique a estas alturas su autoría en términos estéticos, cinematográficos, incluso en materia de literatura de consumo (¿alguien se cree a estas alturas que Stephen King escribe una sola palabra de lo que publica? Jajajaja)… Bueno, es que me da la risa. La risa histérica, claro. El arte de consumo no es, obviamente, un acto de onanismo parido tras nueve meses en el interior de la cueva, no. Pero es que el otro, el Gran Arte, tampoco. ¿Warhol? ¡¿Cuándo?! ¿En la limusina? ¿En la inauguración del MOMA de Diana Vreeland? ¿En Studio 54? ¿Picasso? Ejem, ejem. Si todo lo que lleva su firma es auténtico no era un hombre, era la diosa Shiva. Los maestros del barroco tenían todos unos bonitos talleres en los que un ejército de becarios, aprendices y artistas de serie B llevaban a cabo las directrices del maestro…
Moraleja: Con materiales tan execrables, Hollywood fue capaz de hacer cientos, miles de obras maestras; incluso con Stephen King es capaz de construir buenas películas (tipo Carrie, La milla verde o Cadena perpetua, tan sólidas; o El resplandor —que es justo lo contrario de lo que estoy diciendo: una obra de autor por encima de una obra escrita por una plantación de esclavos—, que me gusta un poco menos). ¿Por qué, entonces, llevo unos meses en los que, ay, madrecita, lo que más me gusta de las películas son los títulos de crédito?
Carlos Valiña
En desacuerdo con la crítica a Sinkiewicz. Sus novelas tienen mucha fuerza.
Mucho mas en desacuerdo en la critica a Perla S. Buck. Lees viento del este y viento del oeste y no vuelves a ser el mismo.
El resto lo he mirado por encima y no me pronuncio.
Saludos.
Louella
Súper de acuerdo contigo, querido. En efecto, tras leer una novela de Pearl S. Buck no vuelves a ser el mismo. Tras una lobotomía, tampoco.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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