Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

Mi desconfiada esposa [el domingo, en TCM] es una comedia de la que ya he hablado aquí en más de una ocasión. La adoro. Es perfecta. Simplemente maravillosa: el guión, los actores, el diseño de vestuario, la música, los secundarios (genial Mickey Shaughnessy, como boxeador sonado), el director… Es una auténtica delicia que nadie, en su sano juicio, se debería perder. Para mí, junto a Mamá nos complica la vida, es el colmo de la sofisticación.
El género de la alta comedia tipo Noel Coward o Patrick Dennis lleva años en decadencia. La única que, a veces, recupera personajes o réplicas que podrían haber estado en una de estas películas es la televisión (Absolutley fabulous sería un ejemplo). Pero, vamos, en general, en el cine —y en la vida—, la alta comedia está muerta y enterrada. Caput.
Por eso agradezco anécdotas como la siguiente, anécdotas que demuestran que hubo un tiempo —y una cultura— en la existía el ingenio y el buen gusto:
En la década de los años 40, mientras Europa se desangraba en una guerra espantosa y crudelísima —una guerra (y una cámara) siempre sacan lo peor del ser humano—, en Palm Springs grandes damas de sociedad, enjoyadas de pies a cabeza, y escritores adictos a los foulards perfumados, a ser posible con violetas y nardo, organizaban grandes fiestas para recaudar fondos. Fiestas en las que el caviar se servía en unos deliciosos cuencos de plata incrustados en hielo picado y se servían cócteles —el champán se consideraba vulgar—, mientras el anfitrión, un escritor de tercera tipo Atwater Kent, te recibía con dry martini en la mano:
—Cobima, ¿cómo estás, cariño? Me alegro mucho de verte, ¿cómo va todo?
—Artwater, mi madre acaba de morir.
—¿De veras? ¡Qué estupendo!
Mi desconfiada esposa es precisamente esto. Ese espíritu burlón capaz de saltar sobre la muerte, sobre lo feo, sobre la mafia con una sonrisa supersofisticada, a la búsqueda del próximo cóctel… y del próximo cotilleo.
Moraleja: Paso de Europa. A mí, dame Palm Springs. Palm Springs y Minnelli.
Chulí
Jo, qué buena pinta tiene esta peli. A parte de todo lo que cuentas, Lauren Bacall es divina, y en ésa época es cuando más divina estaba, en los 50, como aquella estupenda Cómo casarse con un millonario, esa especie de "Sexo en Nueva York" a los años 50, con martini y perrito caliente que va y viene.
A parte, me estoy bajando una que comentaste hace poco; Escrito en el viento, y busco aquella en la que hace de lesbianilla chic, creo que "Woman's World" corrígeme si me equivoco, que me apuesto el pescuezo a que la has visto también.
Saludos
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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