De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
07 Diciembre 2007

De piedra pómez

No se me ocurren dos actores con un perfil más dispar que Humphrey Bogart y Leslie Howard, y sin embargo el primer hijo de Bogart le puso el nombre de Leslie a su primer hijo con Lauren Bacall. ¿Por qué? Porque se lo debía todo. Su carrera en el cine nunca hubiese despegado si Leslie Howard no hubiese apostado por él. Así de fácil.

El actor británico coincidió con Bogart en una obra de Broadway que se convirtió en un éxito: El bosque petrificado. Howard le recomendó a Jack Warner que no perdiese ni un minuto y comprase los derechos de esta obra. Dicho y hecho, la Warner compró los derechos y contrató a tres guionistas de primera categoría —nada menos que Robert E. Sherwood, Delmer Daves y Charles Kenyon— para que llevaran a cabo la adaptación cinematográfica (este lunes, en TCM).

El guión era tan bueno que incluso un director mediocre como Archie Mayo consiguió una película memorable, pero, claro, contó con la ayuda de unos actores magistrales. Por un lado, estaba Bette Davis, la nueva estrella de la Warner, a quien se le adjudicó el papel femenino, una camarera que está hasta el coño de su trabajo, de la grasa y de su vida, cuyo lema vital podría ser perfectamente el de los Sex Pistols: “No future”. Por otro, Leslie Howard, en el mismo papel que antes había hecho en Broadway, un héroe atormentado, pero íntegro, que al final… bla, bla, bla.

Para el papel de Mantee, un ganster de tres al cuarto con el gatillo fácil, Warner quería a una tercera estrella, Edward G. Robinson, especializado en papeles de villano (la naturaleza, todo hay que decirlo, le ayudó mucho dándole esa cara y ese cuerpo). Pero Leslie Howard puso el grito en el cielo: “¿Cómo? De eso nada. Ese papel tiene que hacerlo Bogart. O él o nadie”. “¿Pero quién coño es ese Bogart? No, no, no. Esto es una película y yo no juego con mi direno. Lo hará Robinson y no hay más que hablar”, replicó Jack Warner.

Leslie Howard, tan flemático él, respondió al ultimátum del estudio con otro: “Si Bogart no está en el proyecto, no contéis conmigo…” Debió decirlo en serio, ya que finalmente Jack Warner dio el visto bueno y… el resto es historia. La película convirtió a Bogart en una estrella y le permitió, a pesar de su físico, sus dientes de conejo y su voz un tanto pituda, convertirse en el chico de moda en Hollywood.

Moraleja: Ay, qué difícil debe ser hacer el mismo papel sobre un escenario y ante una cámara, decir lo mismo con la voz impostada ante una platea —y hacerlo de manera convincente— y cambiar de registro, pensando en el espectador de una sala de cine. Sí, qué difícil, ¿verdad, Marisa Paredes?

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fulanita

otro anexo.. LH fue el amor platónico de la bacall que acabó con HB

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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