De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
05 Diciembre 2007

Bésame... o déjame

Me encanta Cole Porter. Era un genio, era alcohólico, era encantador, un bon-vivant (y también un hijo de puta). Hace unos años leí una biografía estupendísima —que me apetece volver a releer en breve—, editada por Alba, en la que descubrí la vida fascinante de esta marica loca que tuvo la enorme suerte de casarse con una millonaria-mecenas-amiga que le solucionó la papeleta (aunque luego se hizo millonario por sus propios medios).

A mí, dame una canción de Cole Porter y me harás feliz. Es luminoso, preciso, imaginativo, optimista... Es… todo lo contrario de lo que era en su vida privada. Pero, como ya habréis visto, soy superdiva de los genios que luego son unos hijos de puta. Sí. Lo sé. Es una desviación sexual como otra cualquiera.

En fin, el caso es que uno de los musicales de Cole Porter más deliciosos, y también uno de sus mayores éxitos en Broadway, fue Kiss me, Kate (el viernes, en TCM). Se trata de una versión de lo más insólita de La fierecilla domada, de Shakespeare. Pero hay versiones y versiones: en donde Calixto Bieto pone una polla adosada a un chulo en pelota (o varias) venga o no venga a cuento (lo normal es que no venga), Cole Porter pone encanto, chispa y unas deliciosas rimas llenas de intención y segundos y terceros sentidos.

Como en Hollywood lo de la crisis de ideas es un clásico desde los tiempos del cine mudo, rápidamente decidieron adaptar este musical con Howard Keel como protagonista masculino —Howard Keel, para los que no lo sepáis, es el actor con la dentadura postiza más increíble de la historia del cine… hasta que llegó Mickey Rourke y sus carillas de porcelana (es un decir: yo no creo que sean de porcelana, sino teclas de piano customizadas)— y Kathryn Grayson —otra que tal baila: en su caso no se trata de los piños, sino del tetamen, dos tetas como dos carretas o toda una caravana.

La peli es genial. La dirigió el gran George Sidney y, por lo visto, era una de las adaptaciones favoritas del propio Porter. Es uno de esos musicales que te reconcilian con la vida (como todos, diréis; pues no, los hay que te dejan hecho polvo: Cabaret, sin ir más lejos), una auténtica inyección de optimismo e inteligencia en vena.

Moraleja: Me temo que ni el optimismo, ni la inteligencia, ni siquiera la buena educación —por no hablar de la buena ortografía—, son hoy valores en alza. Por eso, Kiss me, Kate siempre será bienvenida. Superdiva de Cole Porter. Siempre.

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Camilo Jiménez

Puedo poner el "Cole Porter Songbook" de Ella Fitzgerald todo el tiempo y no me canso. Creo que lo he oído al menos una vez por semana desde que compré el álbum doble en el 90. No conozco nada de la vida del tipo, qué bueno leer esa biografía que mencionas, lo pones como alguien que podría ser amigo mío. La buscaré. Gracias.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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