Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Hay una serie de tótems en la historia del cine que no se pueden cuestionar (a no ser, claro, que seas masoca y quieras que te escupan a la cara; no es mi caso: ya me escupieron a la cara y no me gustó). John Ford es uno de ellos —insisto en que, a mí, me parece un plomo: tanta testosterona me provoca erisipela—; John Wayne, otro —lo veo y no lo puedo evitar: caigo dormido en un profundo sueño; un tarugo es más expresivo que este hombre—; y Orson Welles, por supuesto.
Criticar a Welles es como criticar a Dios en persona. Reconozco que a mí con Welles me pasa un poco como con la nouvelle cuisine: un poco, para mí, es más que suficiente. No me importa si los hors d'œuvres son de El Bulli, pero luego, a la hora de la verdad, no quiero comer una preciosa metáfora esculpida con nitrógeno líquido sino un buen trozo de carne.

Con el cine de Welles me pasa exactamente eso. Los primeros minutos de sus películas me dejan fascinado, pero al cabo de media hora de planos contrapicados, de imágenes barrocas, de espejos que saltan en pedazos y grúas espectaculares… No sé, al final me empacha: me quedo con la sensación de que me ha escamoteado el trozo de carne.

Cuando vi Sed de mal (este domingo, en TCM) recuerdo que me gustó muchísimo. Me encantó el tono oscuro y amoral de la historia, Marlene con pelucón, Charlton Heston con bigotazo, la música de Mancini… Todo. Pero hoy, si alguien me pregunta de qué coño iba esta película, no sabría decir. Recuerdo un sabor intensísimo, pero efímero.

No sé. A mí esto me pasa con Welles (a ver si alguien puede decirme de qué coño va Mister Arkadin, por ejemplo). Ahora, podéis lapidarme a gusto.
Moraleja: No sigáis mis pasos y mentid: “Oooooh, sí, me encanta Welles; y qué decir de Ford, me pone atómica (me pone, hecho, un poquito cachondona); uuuuhhhh, John Wayne, qué actorazo…”
Agrafe Cartier
Ay Louella, ay. Diga lo que quiera de Orson, lo que quiera, pero no escriba su nombre al lado de los Johneses. Por favor. Por Santa Rita Hayworth.
Pasa en las mejores familias
Hay gente que no es capaz de leer el quijote, o Tristan Shandy o Madame Bobary o La Regenta. La lista es interminable. El mundo actual crea sus propias inercias y a veces es difícil desprenderse de ellas. El propio Hitchcock tiene un cine muy personal que se rige por unos principios que se apartan de los del cine convencional. Es posible que con el tiempo exijan un esfuerzo intelectual adicional, un ponerse en contexto, para poder ser entendidos. Pero una cosa son los gustos o preferencias personales y otra el análisis crítico de una obra. Nadie puede ser "lapidado" por sus preferencias, pero sí (metafóricamente) cuando lo que hace es un análisis poco fundamentado y profesional. Y yo entiendo que aquí se hace lo primero así que las piedras quedan para otra mejor ocasión.
Tristram Bovary
¿En qué culebrón actúan el señor Tristan y la madame Bobary esa?
Chulí
No te preocupes, a mí también me aburre Orson Welles, y de John Ford, supongo que habré visto algo, pero me da una pereza tremenda. John Wayne me da una pereza colosal, así como el género western con esa testosterona como bien dices. ¿Por qué me da siempre la impresión de que todos los hombres de las películas del oeste desprenden un fuerte aroma a sudor, a zorruno puro? John Wayne huele a sudor. Creo que los únicos westerns que han podido llegar a hacerme "tilín" o incluso gustarme son Johnny Guitar y Destry Rides Again (Por la Crawford y la Dietrich supongo además de que las dos son del oeste, pero también son bastante anti-western, sobretodo la segunda)
Como iba diciendo, Orson Welles no me divierte excesivamente, pero le respeto, eso sí. Películas como Ciudadano Kane, La dama de Shanghai, Macbeth o Sed de mal, me parecen interesantísimas y muy originales de alguna u otra manera, además de tener una fotografía deliciosa (el final de La dama de Shanghai es memorable, tantos y tantos planos de Ciudadano Kane, etc) pero no me las pondría para matar el aburrimiento precisamente.
Por cierto, estamos muy acostumbrados a ver a Marlene rubia, y creo que sólo en dos películas salió morena sin contar su época en el cine mudo. Una fue en ésta, Sed de mal. Otra fue en "En las rayas de la mano" (Golden Earrings) y en la segunda sobretodo opino que estaba guapísima y le sentaba de maravilla, haciendo de gitana un poco marrana, dejando a parte toda esa imagen de divinidad y glamour que llevó siempre, pero muy guapa.
La dislexia pasa en las mejores familias
Mil perdones por las patadas a los nombres de Mr. Tristam Shandy y señora.
César
Pues algo d razón no t falta. sin ir más lejos y por esa manía d engrandecerle (a Welles, digo), se ninguneó al director de El tercer hombre, Carol Reed. Simpre se ha dicho q aquellos maravillosos y rebuscados planos y angulos imposibles eran sin duda obra d Welles.!!!Pues no!!!. si veis otras pelis d Reed como Trapecio os dareis cuenta. Solo q, además, en el caso dl director británico la realización es menos forzada y se funde en la historia de forma homogénea sin chirriar. Pues eso, Carol Reed, un gran director, aunq quizá poco prolífico.
TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.
Añádeme a tu página de Google
El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
Turner Classic Movies © 2008 · todos los derechos reservados
Canaltcm.com es parte de Turner Sports and Entertainment Digital Network