Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
No me voy a poner a estas alturas a comentar las excelencias de Mildred Pierce. Alma es suplicio [hoy, a 11,20] es un clásico con el que, de la noche a la mañana, Joan Crawford volvió a estar en la cresta de la ola —incluso ganó un Oscar—, cuando muchos creían que estaba acabada (de hecho, tuvo que hacer una prueba para el papel, ella, que había sido una de las reinas de la Metro). Pero no, tampoco voy a ponderar las virtudes de la Crawford, que como ya sabéis es una de mis debilidades.

No. Hoy quiero hablar de una secundaria que, a mi juicio, se come la cámara, la película y el plano en cuanto aparece en pantalla, opacando a la mismísima Joan: Eve Arden. No lo puedo remediar, ni quiero, pero ME ENCANTA Eve Arden. Es una de esas actrices del Hollywood clásico, como la maravillosa Thelma Ritter, que todo lo que tocan lo convierten en oro. Oro puro. En Stage door (Damas del teatro) se come viva a la Hepburn, a Ginger Rogers y a Lucille Ball. En cuanto Eve Arden aparece en el plano parece que el resto se desvanece; sólo tienes ojos para ella.
En Alma en suplicio, Eve Arden encarna a la típica amiga irónica, pero con el corazón de oro, que siempre guarda una frase ingeniosa en el bolso para ocasiones especialmente desesperadas (YO misma soy un poco de esa escuela). Un ejemplo: cuando Veda, el personaje de la hija (de puta) interpretado por Anne Blith, le reprocha a su madre que está hasta el coño de ella, que le asquea su pelo, su ropa, su modo de vida, su todo, Mildred Pierce/Joan Crawford le replica con voz trémula previa al ataque de nervios: “¡Vete antes de que te mate!”. A lo que el personaje de Eve Arden añade: “La verdad es que admiro a los caimanes. Se comen a sus crías, ¿sabes?”.
Moraleja: Súper diva de Eve.
Escrito por
¡Mildred Pierce! Me encanta la novela de James M. Cain. Ésa y todas.
Agatha Blue*
Me inspiré en la imagen de Gene Tierney, para inspirar a Agatha Blue*, el pseudónimo que utilizo para escribir en mi Blog.
He leído atentamente un Artículo sobre ella que publicaste en 2006.
Me ha fascinado todo lo que cuentas en este espacio.
Si quieres pasar por mi Blog, estaré encantada de recibirte.
Un abrazo.
www.diarioagathablue.blogspot.com
Chulí
Jajaja me ha encantado lo de "Siempre tiene una frase en el bolso" es verdad. Y cómo se enciende las cerillas con la suela del zápato de tacón. Bueno, ella y el resto de todos los actores de todas las películas del cine clásico. No entiendo si es que antes las cerillas se hacían con otro material, ya que lo encendían con todo, paredes, suelo, suela de zapato, mesa, incluso Joan Crawford encendía una cerilla con un vinilo. Yo no sé si será porque soy mortal, pero las cerillas solo se me encienden con la lija de la caja. Bueno, que me voy del tema. Esta señora era simpática con ese papel que hacía, en Manpower, también hace el mismo papel, como amiga de la Dietrich, y también está bastante simpática, pero ahora bien, tanto como para comerse la pantalla, para mi no.
Baby Jane
Me encanta Eve. La adoro en "Lo que piensan las mujeres" y "Alma en suplicio" (¿qué hubiese sido de la Crawford sin este peliculón?). Y en "Grease" está estupenda.
Y gracias por el comentario de Thelma Ritter, esa genial y eterna secundaria (es la Karl Malden femenina). Sencillamente genial.
Saludos.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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