Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Me quedo loca. Loquita-loca. De estuco, vamos. Diego Galán —que durante años me pareció uno de esos hombres capaces de hacerme perder el sentío y arrastrarme por el fango (ya no, Diego, cariño, perdóname, no te lo tomes a mal, pero es que YO ya me he quitado de los hombres; de los hombres y del alcohol; un dry martini, o dos, sí, pero once nunca mais) me ha respondido al post que escribí sobre Tánger. Yo, naturalmente, estoy que no quepo en mí de gozo. Que una institución como el señor Galán se tome el tiempo y el esfuerzo de responder a una MAMARRACHA como YO es algo que, bueno, que me hace inflarme como un farolillo japonés. No pasa nada. YO puedo permitírmelo, porque soy de la escuela Huesito-Tapón-Sexy.
La verdad es que YO fui un poco osada cuando aseguré que Ángel Vázquez había escrito La vida perra de Juanita Narboni en estado de ebriedad. Tal vez no toda, pero sí una gran parte. Me explico. Yo también escribí una novela (deleznable) en estado de ebriedad y sé reconocer los erráticos procesos mentales y estilísticos propios de una mente macerada en alcohol o veneno para ratas. Hay algunas páginas en esa novela en las que se nota que al señor Vázquez se le ha ido la mano (hacia el cartón de vino) y ya no encuentra el camino de retorno.
El mismo Emilio Sanz de Soto (estoy de acuerdo con el señor Galán en que escucharle hablar es gloria bendita, aunque últimamente el pobre no está para largas conversaciones) reconoce que hay partes de la novela, partes que él reconocía al primer golpe de vista, escritas bajo el influjo de la botella. No es que el señor Ángel Vázquez se considerase a sí mismo un alcohólico. Es que lo era. Súper dipsómano, vamos. No pasa nada. Gran parte de los últimos textos del grandísimo Capote también fueron escritos en estado de ebriedad, de ebriedad y colocón, y hay verdaderas joyas… eso sí, entre montones de bisutería.
A mí, de las dos versiones que hay de esa novela maravillosa, la que más me gusta es la de Javier Aguirre. Pero es que yo soy súper diva de Esperanza Roy, un actrizón como la copa de un pino. El papel de Marisa Paredes en Tacones lejanos lo iba a hacer ella, pero al final se quedó compuesta y sin Almodóvar porque se fue de la lengua en una entrevista (lo de trabajar con PA es casi como ingresar en la masonería)…
En fin, el caso es que muchos de mis escritores favoritos eran unos borrachos irrecuperables: Dorothy Parker, por ejemplo, alcohólica perdida; Capote, madrecita-madrecita; Malcolm Lowry… Y no voy a dar nombres de escritores españoles vivos: la retención de líquidos habla por mi (y me evita, de paso, un proceso por difamación).
No pasa nada por darle a la botella. Creo que, en muchas ocasiones, la botella es lo único que ha mantenido vivos a muchos escritores y guionistas que, en caso de estar en dique seco, hubiesen saltado por una ventana muchos años antes. Yo misma, por ejemplo.
Moraleja: Otro día hablamos de actrices españolas, ¿vale? Madre mía, no hay alcohol suficiente...
Angel Vázquez
Yo fui Juanita Narboni
filomeno
El Sr. Galán es todo un Caballero
Louella
Sí que lo es. Totally agree(pina)
emilio morote
acabo de leer el libro, y voy a poner uncomentario en mi blog, muy bueno lo de "se le fue la mano "hacia el cartón de vino") no sé yo si se puede escribir borracho, no sé.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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