De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
31 Octubre 2007

Amor, amor, amor... a la botella

Amarga victoria, que TCM emite el viernes, es una de mis películas de cabecera por una razón: en ella, Bette Davis se bebe hasta el agua de los floreros. Y es que me encanta la gente borracha.

Durante una época de mi vida —una década más o menos (más, creo)— yo me comporté igual que Judith Traherne, la protagonista de Amarga victoria: me levantaba, vomitaba y me tomaba un pelotazo (o varios), mientras luchaba entre brumas etílicas con esa aberración intolerable llamada Vida. Sin embargo, había una gran diferencia entre Judith y yo. A ella, el médico le diagnostica un tumor cerebral y eso empuja a la dipsomanía a cualquiera —“Total, para lo que me queda... ¡Suelta esa botella de orujo inmediatamente, tía PUTA! ¡Es mía!”—; a mí, en cambio, lo que me empujaba a beber era… pues eso, la vida en general. La idiotez, sobre todo. Qué pena de gente. La gente es lo peor.

Esa época, afortunadamente, ya pasó. Como Judith Traherne descubrí el amor (tarde, es verdad; y no es cierto eso de que 'Nunca es tarde cuando la dicha es buena', doy fe: a veces, tarde es DEMASIADO tarde), el amor… y la Hepatitis B. Eso ayuda mucho. Cuando tu hígado termina por parecerse a un bolso Fendi, es el momento de parar. En el caso de Bette, el amor la redime; en el mío, la redención vino por otra clase de amor… a la oscuridad. En sentido literal.

En fin, el caso es que tanto Bette en Amarga victoria como yo abandonamos la botella y nos entregamos a de cabeza a la mesa camilla, la vida-en-pareja, el tresillo con antimacasar, etcétera. Y es que la clase media, al final, es mucho más fuerte de lo que creen los Ricos y Famosos. Que se lo digan a Aída...

Moraleja: No os perdáis esta película. Creo que es una de las interpretaciones más MARAVILLOSAS de la tía Bette. Si no la más.

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Begoña

¿Qué viernes la emiten? es que he repasado la programación del canal para el día 2 para saber la hora y no la veo. Y no he bebido nada, de momento.

Chulí

Como talifán-devoto que soy de la reina Bette, me encanta esta película, y tienes razón, está maravillosa, como siempre. Yo me puse a llorar la primera vez que la ví. Qué valentía, qué valor, qué destino! Ese final es espeluznante. La nominaron al Oscar, y todo apuntaba a que se lo daban, hasta que se estrenó Lo que el viento se llevó, nominaron a Vivien, y entonces todo apuntaba a que Bette se quedaba sin el tercer Oscar, y se lo daban a Vivien Leigh. Bueno, así pasó. Las dos estuvieron maravillosas en sus respectivos papeles, creo que lo merecían por igual, pero yo se lo habría dado a mi Bette.

Aun así, creo que las mejores interpretaciones de Bette llegaron a partir de su trabajo junto a William Wyler. Jezebel, pero en especial a partir de La carta y La loba, donde Bette está absolutamente brillante y turbadora, y donde nos regala momentazos de interpretación en los que expresa de todo sin abrir la boca durante minutos. Véase el final de la carta, o el mejor momento de La loba, que quién la haya visto ya sabrá al que me refiero. Por esas dos películas merece un aplauso eterno.

Fue su gran año 1938-1939. Elizabeth y Essex, donde está también fabulosísima, La solterona, idem de idem, y Juarez, donde hacía un pequeño pero intenso papel como la emperatriz Carlota, y donde nos ofrece una escena de locura absolutamente orgásmica, una de las mejores escenas de su carrera.

El 2008 será el centenario de la reina Bette. Listos?

¡Pediré una ración de prognosis negativa!

ps: Qué momentazo cuando aparece Bette en Amarga Victoria (Título que pierde la gracia del original DARK VICTORY, lo comprenderéis cuando la veáis) con ese vestido de noche blanco con volantes, tules, ese tocado de lentejuelas, y fumando en boquilla. Absolutamente divina!!

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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