De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
29 Octubre 2007

La realidad supera al porno... una vez más

Me encanta que TCM emita este viernes un homenaje a King Vidor por el 25 aniversario de su muerte. King Vidor es uno de mis directores top, no en vano dirigió una de mis películas favoritas, la fabulosa, excesiva, melodramática, delirante y "polimorfamente perversa" Duelo al sol. Me encanta el personaje de Jennifer Jones, Perla, escindida entre el típico chulazo que lo mismo te da una paliza que te echa un polvo salvaje (Gregory Peck) y el no menos típico hombre cabal, buenísimo… pero capaz de aburrir a las ovejas (Joseph Cotten).

Además, Vidor dirigió El manantial, otra película de culto por varios motivos extracinematográficos. Por un lado, la autora del best-seller en el que se basa la peli, Ayn Rand, es TODO un personaje. Básicamente, porque su mensaje es medio nazi. Pone la voluntad del superhombre por encima de todo. Y si eso implica pisotear al más débil… ¡pues qué se le va a hacer! La vida es dura, ¿no? Por otro, en esta peli se conocieron un maduro Gary Cooper (a la sazón, casado por entonces con una furibunda católica con fama de santa) y una jovencísima Patricia Neal, a la que llevaba más de 20 años. El escándalo fue mayúsculo y estuvo a punto de costarle la carrera a ambos.

Pero no. A mí King Vidor no me gusta por sus pelis, a mí King Vidor me gusta porque hace unos años Seix Barral publicó un libro absolutamente maravilloso, protagonizado por él. Un reparto de asesinos, escrito por Sydney D. Kirkpatrick, se basa en la investigación que el propio King Vidor llevó a cabo en 1967 sobre un famoso crimen cometido en Hollywood 50 años antes. Quería rodar una película sobre la muerte del director de cine mudo William Desmond Taylor. Su asesinato fue un escandalazo en 1922 y no se solucionó jamás, entre otras cosas porque los estudios eran los primeros interesados en no remover más la mierda...

Y es que este crimen tenía todos los ingredientes del menor cine negro: travestismo (al director le gustaba vestirse con medias y zapatos de tacón alto), orgías (con chicos, con chicas y con cabras, si se terciaba; William Desmond Taylor no tenía manga ancha, tenía un kimono directamente), pedofilia (una de las sospechosas era una actriz menor de edad, con quien mantenía una relación a trois), drogas (era un poco yonki)… Vamos, la caraba.

Por el libro aparecen actrices, famosísimas en su día y hoy prácticamente olvidadas... sólo que sin prácticamente, como Edna Purvivance, Mabel Normand o Mary Miles Mister [no me molesto en poner link al imdb porque os va a dar igual; hoy nadie, excepto tal vez alguna marica enloquecida, se acuerda de ellas]. Además, aparecen otros personajes, como el propio King Vidor o los dueños de los estudios, que también existieron.

Vidor llegó tan lejos en sus investigaciones que resolvió el caso, el problema es que muchos de los implicados aún estaban vivos… y sus abogados también, así que prefirió archivar sus notas y olvidarse del proyecto. Una pena, porque hubiese salido una película fascinante, capaz de dejar a Chinatown a la altura de una chocolatada parroquial.

Moraleja: Pues eso, ese gran clásico. La realidad supera al porno.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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