Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Feliz. Estoy feliz. Me encanta que David Trueba haya elegido dos de mis comedias favoritas para celebrar su noche (este domingo, a partir de las 22 horas; naturalmente, ninguna de las dos es suya): Historias de Filadelfia y El bazar de las sorpresas.

A estas alturas, Una no se va a poner a loar las glorias de dos clásicos del cine. Para mí, George Cukor es un genio y Lubitsch, pues qué os voy a contar. A los hechos me remito: Historias de Filadelfia es la película que me pongo cuando tengo ganas de saltar por la ventana, y aunque soy menos fan de El bazar de las sorpresas que de Ser o no ser o Nintochka, reconozco que es una película encantadora capaz de levantarle el ánimo a cualquiera (posiblemente, incluso a Pavese, ese cenizo).
Yo creo que, además de la inteligencia, ambas películas comparten una cosa que echo muchísimo de menos últimamente en las comedias (y en todas partes, incluido el metro… que se lo digan a la pobre chica ecuatoriana a la que casi le saltan los dientes): la compasión. Ninguna de estas dos películas se ríe del personaje más débil. El humor no es producto de la agresión, sino de todo lo contrario. Y eso me gusta.
En las grandes comedias del Hollywood clásico hay comprensión y ternura, respeto y bonhomía. Los guionistas podían ser unos alcohólicos contumaces, medio ludópatas, amargados y puteros, sí; pero también eran unos caballeros. En las comedias actuales, en cambio —y más si son españolas— lo que hay es mala leche y mal gusto, y a mí ninguna de estas dos cosas me produce una carcajada, más bien lo que me provocan son ganas de coger un lanzallamas…
Moraleja: Por Dios, parezco la típica abuela Cebolleta. ¡Qué mayor estoy!
Chulí
Todo es subjetivo. A mí Historias de Filadelfia me aburrió de una manera estrepitosa, y por lo tanto me decepcionó aun más, después de haber escuchado tanta maravilla de ella. Eso es lo malo de hablar tan bien de algo; que cuando lo pruebas, si no es lo que esperabas te pegas una leche. Sin embargo, Ninotchka me encantó. Es brillante.
En cuanto a las comedias españolas, no hay color. Distinta época, distintos países, distinto humor... Personalmente, si quiero alegrarme el día me pongo una buena escena de las comedias de Pedro Almodóvar, que la gente dirá lo que quiera, pero es un humor muy auténtico de la sociedad española.
FoxyMalone
David Trueba? puaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrrgh. Y esto es un ejercicio de comedimiento.
Begoña
Louella estoy contigo. Cuando tengo un día ploff nada como ver joyas del nivel de "Historias de Filadelfia". Es encantadora. "La fiera de mi niña" también es buena pero no surte tanto efecto en mi ánimo como la primera. Ah y yo te acompañaría en lo del lanzallamas, pero estoy pensando que me veo más con una maza.
Agrafe Cartier
Querida Louella, no confunda el buen gusto con la edad avanzada. Usted tiene un gusto maravilloso, pero que se arrogue el título de abuela cebolleta con ese cutis que tiene, me parece un insulto a las Señoras Mayores que en el mundo somos.
Por dios, Louella, que usted no había nacido cuando el hombre llegó a la luna en las producciones de la NASA - no le digo ya, en las de Méliès-
TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.
Añádeme a tu página de Google
El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
Turner Classic Movies © 2008 · todos los derechos reservados