De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
23 Octubre 2007

Mi fantasma favorito

El próximo día 31, esta santa casa emite una película deliciosa, El fantasma de Canterville, protagonizada por uno de mis actores favoritos (según Billy Wilder, “el más grande de todos los actores”, en sentido literal, además), Charles Laughton.

Me encanta este hombre: obeso, genial —su única película como director, La noche del cazador, es la obra de un genio, y punto—, insufrible, homosexual —lo cuenta su mujer, la maravillosa Elsa Lanchester, en sus memorias, en las que también asegura que Laughton odiaba a los niños, cuando en realidad era ella quien no quería verlos ni en pintura acrílica—, anfitrión exquisito… En fin, todo un personaje.

Además de sus papelones en pelis míticas como Rebelión a bordo, Esmeralda la zíngara o Testigo de cargo, Laughton fue un pionero en una práctica hoy desafortunadamente caída en el olvido: las lecturas radiofónicas de clásicos. Fueron tiempos gloriosos en los que, en la radio, en lugar de sonar un reggaetón, lo que sonaba era la profunda voz de barítono de este actor magnífico declamando poemas de Walt Whitman, de Carl Sandberg o textos adaptados de Thomas Wolfe con música de Bernard Hermann. Vamos, gloria bendita.

No contento con eso, también colaboró con Bertolt Brecht, que había llegado a EE UU huyendo del infierno nazi y se encontró con que, en EE UU, a los nazis se les llamaba patriotas; mientras al otro lado del charco, los patriotas británicos le ponían como hoja de perejil (a Charles, no a Bertolt) por pedir la nacionalidad norteamericana… Cosas de la política.

El fantasma de Canterville es una de sus películas más simpáticas y una de sus interpretaciones más memorables. Puede que no esté a la altura de la hilarante novelita de Wilde, pero es, con diferencia, la mejor versión que se ha hecho hasta la fecha de esta pequeña obra maestra del humor británico (recuerdo que la leí cuando aún llevaba pololos y mis risas se oían por el hueco de las escaleras). No os la perdáis, queridos. Es un consejo de amiga…

Moraleja: Cuando alguien os diga eso de “Es un consejo de amiga”, desconfiad.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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