Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Ayer, mientras me documentaba —porque UNA se documenta, guapas; no escribe al buen tuntún— para el post sobre las actrices de doblaje, me encontré con una curiosidad sobre el rodaje de La leyenda de Lylah Clare, película fascinante que cualquier drag-queen debería ver (y volver a ver una y otra vez, hasta haber memorizado todo el guión de arriba abajo) antes de subirse a un escenario.
La escena en la que presentan a Kim Novak ante la prensa es antológica. Ella está TAN sobreactuada que parece un travesti: habla como un travesti, se mueve como un travesti y, desde luego, tiene el mismo pelucón que llevaría un travelo en el LL. Súper fan de Kim en esta película.
En fin, el caso es que Robert Aldrich encargó a Richard Avedon, uno de mis fotógrafos favoritos del pasado siglo —no es mi favorito, pero sí que está en el top, junto a Cecil Beaton, George Hurrell y Horst P. Horst—, una sesión de fotos con Kim Novak, para que la retratase como a una estrella de cine de los años 30.
Aldrich le ofreció a Avedon la escandalosa (en la época) cantidad de 5.000 dólares y los estudios construyeron algunos decorados para la sesión, entre ellos la cubierta de un barco art-decó. Las fotos no tienen desperdicio. Kim Novak parece cualquier cosa excepto Marlene Dietrich (que fue la inspiración para su personaje): en todas ellas tiene un aire rollizo, en plan posadera, que anula cualquier mínimo atisbo de glamour. Sin embargo, las fotos son encantadoras.
El objetivo de Aldrich era transformar las fotos en cuados al óleo, los enormes lienzos que decoran —es un decir— la casa del director, Louis Zarkhan, con la imagen de su musa, muerta hace ya 20 años. Durante años, se creyó que la sesión se había perdido. Pero no. Las fotos existen y están aquí:


Bueno, digamos que La leyenda de Lylah Clare no es, precisamente, una película redonda, pero… demonios… qué gran película es. A mí me encanta.
Moraleja: Si os pensáis dedicar al travestismo, no os la podéis perder. ¡Viva Lylah Clare!
La Attavanti
En efecto, una grandísima película. Ella está enorme y divina. La escena de su presentación es de lejos, lo mejor de la película, a parte del final tan metafórico y acertado. Su sobreactuación en esta película es claramente intencional.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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