Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Como ya sabéis, me encanta Jennifer Jones, una de las actrices más exageradas, sobreactuadas, delirantes y travestis de la historia. También me encantan los melodramas románticos, por eso Jennie, de William Dieterle, es una de mis películas favoritas.

En ella, Joseph Cotten (apellido que, inevitablemente, me trae a la cabeza a la gran Margot Cottens) interpreta a un pintor que un día descubre a una chica de la que se queda prendado (un poco pederasta todo, la verdad), tanto que decide pintarla. La chica, una mezcla de adolescente histérica y mujer misteriosa, le trae de cabeza… hasta que descubre que en realidad es un fantasma. Vamos, que está muertecita viva, la pobre.
La verdad es que es una película maravillosa. Todo —la música de Dimitri Tiomkin (que plagia a saco a Debussy), el vestuario, la iluminación (abajo, un ejemplo), la interpretación de la Jones bigger than life— conspira para que esta película sea uno de esos títulos que todo marica enloquecida debe tener en su lista de tops queer.

Moraleja: ¿No la conoces aún? ¿Pues a qué estás esperando?
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
Solo un productor tan insensato como Selnick podía producir algo así , lo que menos me gusta de la película es Joshep Cotten..que es un actor muy sosote , en cuanto a la Jones....una apoteosis de la vulgaridad , lo que puede ser magnífico cuando se lleva a las ultimas consecuencias.
Louella
Ay, sí: magnífica, soberbia vulgaridad. Muy YO!
El Marqués de Portugal Este
Solo falta Dalí.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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