De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
03 Junio 2007

Bellezón, bellezón

Mi amigo A., divino —sospecho que en sentido literal, ya que su relación con Dios es básicamente de tú a tú—, vio el otro día la versión restaurada de Espartaco y flipó en colores. La escena perdida durante años de la bañera le dejó turulato… ¡Ese Tony Curtis, en plan Lozana andaluza! ¡Ese Laurence Olivier, tirándole los tejos! ¡Ese diálogo!

La verdad es que Tony Curtis, que hoy ha cumplido 82 años, ha sido uno de los bellezones más impactantes de la historia. Qué ojos, qué boca, qué cuerpo… Qué todo. Si ves a Tony Curtis hoy es difícil, si no imposible, imaginar aquella belleza crudelísima (era uno de esos monstruos perfectos que duele mirar): lo que hoy es una ruina, hace 60 años era puro esplendor de la carne.

Supongo que, a estas alturas, todos conocéis ya sus problemas con el alcohol y las drogas, problemas que su propia hija, Jamie Lee Curtis, ha aireado sin el menor pudor en multitud de entrevistas; al parecer, padre e hija se ponían juntos hasta las trancas: a eso llamo yo estar a partir un piñón con tu padre.

Sus matrimonios (entre otras, con Janet Leigh, Christine Kaufmann, Leslie Allen, con una abogada llamada Lisa Deutsch y con Jill Vandenberg, una ex actriz porno a la que lleva 45 años), sus interpretaciones (mucho mejores de lo que la gente cree: sin ir más lejos, ha sido el mejor psicokiller de toda la historia del cine, con permiso de Sir Anthony Hopkins, en El estrangulador de Boston), sus peluquines, sus desencuentros con la Monroe en Con faldas y a la loco (“Era como besar a Hitler”)…

Nada importa. Cuando revisas sus viejas fotografías, te das cuenta de que daba igual: estaba condenado. Alguien tan sumamente bello estaba condenado. Es ley de vida.

Moraleja: ¿Es la belleza una condena o un premio? Yo creo, sinceramente, que es el beso de la muerte.

3 comentarios · Escribe el tuyo

Comentarios » escribe el tuyo

Begoña

Una condena para el poseedor (temporal) de ella. Mirarte en un espejo con el paso del tiempo y ver que ya no te devuelve la imagen que te hacía sentirte satisfecho supongo que es algo demasiado cruel.
Sí, era guapo, pero siempre ha tenido cara de ser un poco cabroncete. Hoy me da por ahí...

El Marqués de Portugal Este

El encanto es el verdadero secreto... La belleza es solo una condena.

Anonimo

Wapisimo,sin lugar a dudas

Recomendaciones

Escribe tu comentario

TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.

Añádeme a tu página de Google

Añádeme a tu página de Google

El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

suscríbete