Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.

En mi calidad de fan de Vivien Leigh, me he quedado encantado —es más: encantadisísimo— con la foto de TCM de El barco de los locos. ¡Esa cara! ¡Ese maquillaje! ¡Ese pelucón! ¡Qué maravilla!
El personaje Vivien Leigh me fascina. La pobre estaba más loca que una cabra (como se puede observar poco más arriba: sólo una perturbada podría posar de semejante guisa para una foto promocional), bebía Black Velvets como una loca directamente de un termo (el Black Velvet es un cóctel repugnante —una cosa es que adore los cócteles y otra, muy diferente, que sea un kamikaze— compuesto a partes iguales por champán y cerveza negra; ¡puaj!), tenía complejo de inferioridad de cuanta actriz se cruzase en su camino —ella, que fue una de las grandes bellezas del siglo—, se atiborraba a pastillas para relajarse, para animarse, para volverse a relajar, para adelgazar, para dormir, para levantarse; se sometió a un tratamiento de electrochoque…
En fin, que la pobre Vivien no intertrepetó el papel de Blanche DuBois en Un tranvía llamado deseo. Directamente, ella era Blanche DuBois. Tenía un trastorno bipolar de la personalidad que le valió que la echasen del rodaje de La senda de los elefantes (la sustituyó Elizabeth Taylor…, o sea, que salieron de salieron de la sartén para acabar en el fuego); trastorno que, según su propio marido, Laurence Olivier, se manifestaba en “breves episodios de ninfomanía” (me pregunto qué será un breve episodio de ninfomanía: ¿que eres un poco puta y no un putón verbenero?).
Aunque, claro, Larry tenía algo en contra de Vivien: su mujer mantuvo durante años un sonado affaire con Peter Finch, un actor a quien Olivier descubrió en una gira por Australia y que, según sus biógrafos, fue primero su amante (de Oliver, sí) hasta que Vivien se metió en su cama.

Sí, la Vivien es mucho [muy fuerte arriba]. Oh, yeah…
Moraleja: Era guapa, inteligente, con buen gusto (y dinero para satisfacerlo) y buena educación. Y sin embargo, ahí la tenéis, en lo más hondo del pozo de las víboras. Si esto no es una moraleja, que venga Dios y lo vea.
El Marqués de Portugal Este
Al final L'Oreal no ha inventado nada... Vivien (y muchas otras en el Hollywood hoolliwoodiense) hacían lo que hacían "porque yo lo valgo".
Begoña
En la foto de la corona no parece ella. Está preciosa... esa piel, esa boca, esos ojos... pero las cejas no tienen perdón de Dios, son un atentado estético en toda regla.
Vivien es una de las más maravillosas actrices que han existido. Inolvidable.
rosario
no entiendo nada de esto tanta critica a Vivien o esto es de coña k alguien me o explike y ese lio de olivier i finch grande Vivien pa siempre
fanvivian
ERA ABSOLUTAMENTE PRECIOSA EN SU FISICO...
Y PRECIOSA EN EL ENCANTO PERSONAL QUE TRANSMITIA...SU BELLEZA RECUERDA A HEDY LAMARR PER SI HEDY ERA SOLAMENTE UNA POSTALITA DE CROMO
LEIGHT TRANSMITIA MIL EMOCIONES COMO ACTRIZ...TAL VEZ ES LA VENTAJA DE QUE ESTUVIERA LOCA
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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