De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
24 Mayo 2007

Historia de un romance (fallido)

Graham Greene es uno de mis escritores favoritos. Como casi todos los escritores —sin el casi— era un hijo de perra de primera categoría (alcohólico, traicionero, mendaz, agente doble y hasta triple...; una rata, vamos), pero lo que es su obra me parece una de las mejores de todo el siglo XX. Humor, amor, religión y culpa se mezclan en sus libros, como en la vida, de manera aparentemente aleatoria… hasta que descubres que el destino no es aleatorio, sino implacable.

Trabajó como guionista y eso se nota en sus diálogos —¡cuantos novelistas contemporáneos deberían arder en una pira junto a sus diálogos!—, ágiles, perfectos, en los que nada sobra y nada falta. Sus novelas de espionaje son, en realidad, negrísimos análisis de la condición humana: ashes to ashes. Polvo al polvo, sí, señor.

Sin embargo, la novela que más me gusta de Graham Greene no es ni El tercer hombre, ni El poder y la gloria, ni El revés de la trama, todas ellas llevadas al cine con bastante fortuna. No, a mí la novela de G. G. que más me gusta es Viajes con mi tía. Es hilarante, pero también es tristísima. Es demoledora, pero también es deliciosa. Es simplemente perfecta.

El personaje principal, la tía Augusta, es uno de los más delirantes de la historia de la literatura universal (es una especie de versión británica de la Tía Mame norteamericana). Todo lo que hace y todo lo que dice es de una sabiduría, y al mismo tiempo de una inconsciencia, maravillosas. Adoro este personaje.

El libro se publicó en el año 1969. Desde entonces, George Cukor se enamoró de la novela y de su protagonista, a quien rápidamente le puso cara, la de su amiga Katharine Hepburn. La actriz se implicó tanto en el proyecto que empezó a meter mano en el guión, hasta que Cukor, hasta el kimono ya de sus caprichos de prima donna —“Cámbiame esto”, “Cámbiame lo otro”, “Ponme un gag aquí”, “Corta aquella escena (en la que yo no salgo)”—, no tuvo más remedio que llamar a otra actriz cuyo tono de voz no le pusiese los pelos como escarpias con cada nueva sugerencia.

La elegida fue Maggie Smith, una de mis actrices favoritas. Sin embargo, incluso a un fan como yo no le queda más remedio que admitir lo evidente: la Smith era demasiado joven para el papel y la elección de su partenaire tampoco es que fuese muy afortunada, nada menos que José Luis López Vázquez, como dudoso amante millonario. Un auténtico miscasting, vamos.

La verdad es que la película es una auténtica pena. Contaba con todos los ingredientes para haberse convertido en una comedia deliciosa, pero no termina de cuajar…

Moraleja: No me hagáis ningún caso y ved esta comedia. Con un cuaderno, a ser posible. Porque la tía Augusta no es un personaje, es un oráculo.

3 comentarios · Escribe el tuyo

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reed

patinando que es gerundio.Si lo dice el cartel sobre el comentario: el pusilánime sobrino es Alec McGowen, y no López Vazquez; ya le hubiera gustado a este compartir protagonismo con la Smith, aunque si aparece como amante de la tia Augusta en su estilo habitual de comedia española de calzoncillos

El Marqués de Portugal Este

De donde se demuestra que una película no es una obra de autor, sino de autores... ¿Cuándo lo entenderá el cine español?

Louella

Pues es verdad!!!! Lo siento, lo siento, lo siento. Es cierto. Mea culpa, lo corrijo ahora mismo...

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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