Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Adoro a la gente excéntrica, ese tipo de personas que no tienen miedo al ridículo —el ridículo es un invento relativamente reciente: los salonnières franceses del siglo XVIII se lo inventaron para reírse de los parvenus; desafortunadamente, con la guillotina lo único que desaparecieron fueron las pelucas, no la crueldad—. Me encantan las personas que no temen el juicio sumarísimo de la clase media, que se ponen el mundo por montera, que son considerados lunáticos, raros, extraterrestres, pero no lo son. Me gusta la gente excéntrica auténtica; eso sí, la pose de la excentricidad, en cambio, me irrita profundamente.
Por eso, porque adoro a la gente excéntrica, aborrezco a los freaks. “El mundo es cada vez más freakie”, suelen decir aquellos que, en el fondo, lo que están diciendo es exactamente lo contrario: “El mundo es cada vez más feo”. Más feo y más convencional.

Por eso, porque adoro a la gente excéntrica y porque el mundo es cada vez más feo y más convencional, me encanta Vive como quieras, de Frank Capra. Es sencillamente deliciosa. La secuencia en la que James Stewart conoce a la familia de su prometida (Jean Arthur) y se encuentra con una pandilla de adorables chiflados es… Bueno, es sencillamente antológica.
Esa secuencia, una de las más divertidas de la historia del cine, me recuerda mucho a otra, que también me hace reír cada vez que la veo. Cada vez, sí. Tracy Lords, la rica heredera protagonista de Historias de Filadelfia, acaba de enterarse de que los supuestos invitados de su hermano son en realidad dos periodistas infiltrados para boicotear su boda. Ella decide montar un show y presentar a su familia —bastante excéntrica sin necesidad de cargar las tintas— como una pandilla de desequilibrados esnobs. Los gestos, los diálogos, la interpretación… Todo es delicioso. Una desinhibida apología de la excentricidad y sus gentes.
Por eso, porque adoro a la gente excéntrica y porque el mundo es cada vez más feo, los freakies del mundo deberían reivindicar Vive como quieras y no La guerra de las galaxias. Y sin embargo, al final quien ha ganado ha sido Chewaka y no Jean Arthur quien se ha llevado el gato al agua. ¿Por qué?
Moraleja: Pues porque el mundo no es cada vez más freakie, sino más cateto.
Martísima
Mientras sea Chewaka y no Santiago Segura...
lola
en relacion con lo que has dicho, creo discrepar con tu opinion, en relacion a que es ser excentrico, creo que no por que alguien se mustre tal como es, es decir, sin tapujos, ni complejos va a ser excentrico. si no mas bien el mostrarse de una forma diferente, aunque no elaborada, sino con la base de la creacion, de como hablar, de como nmirar, de como moverse, hay reglas para estas socialmente aceptadas, pero claramente a todos nos nace hacerlo de manera distinta, no por que sea propuesto, sino por que fluye, pero, la diferencia esta, en quien deja salir a flote ese flujo creativo.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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