Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Hubo un tiempo en que existió la belleza. Un tiempo en que la gente —un pequeño, reducidísimo cogollito proustiano— entendía la vida como una de las bellas artes, un locura delicada y exquisita (como las figurillas de Tanagra, los jades japoneses y las boquillas crisoelefantinas). Esa época fue la Belle Epoque y, aunque un tanto descafeinada, hay una película que recoge el guante (de Worth) y lo echa sin pudor a la cara del público, con la vana esperanza de que alguien lo recoja. Esa película es Gigi.
Vicente Minelli contó con la propia autora del libro, Colette, para asesorarle durante la escritura del guión. Ella quería a la joven actriz que protagonizó la versión teatral —escrita en inglés por otro de mis mitos, Anita Loos—, Audrey Hepburn; pero como la Hepburn estaba rodando, también en París, Una cara con ángel, otra de esas películas que te reconcilian con la vida, los productores eligieron a otra joven belleza, una bailarina francesa llamada Leslie Caron, que con su primera película, Un americano en París (rodada por Vicente Minelli siete años antes) se convirtió en estrella.
En una película dedicada a revivir los pasados esplendores de la Belle Epoque el vestuario cobraba tanta importancia como el guión. O más. Por eso, contaron con un maestro, Cecil Beaton, para diseñarlo. El vestido de satén blanco con dos pequeñas palomas negras sobre los hombros y guantes hasta el codo de Leslie Caron es tal vez uno de los más bellos de toda la historia del cine.

Los diálogos de la película son una deliciosa amoralidad. Las lecciones que le da su tía, una cortesana ya retirada, a la joven Gigi en materia de tabaco, hombres y cortesía deberían impartirse no ya en una escuela de cocottes, sino en cualquier colegio. Lástima de final, eso sí, que traiciona todo lo anterior: la mesa de camilla se termina imponiendo a la chaise longue. Una pena.
Moraleja: Si os dan elegir entre esposa y mantenida, YO siempre he preferido ser mantenida. Dónde va a parar…
anguie
es muy feo
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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