De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
01 Marzo 2007

Modernidad, pesadilla de cine

No soy nada moderno. Aborrezco la modernidad. Y lo moderno. Y a los modernos. Y a sus gurús. Pero también soy un ingenuo incorregible, y creo que hay que darle una oportunidad a todo el mundo. Luego, claro, pasa lo que pasa.

Pasa, por ejemplo, que uno va al cine, paga su entrada y se encuentra con lo siguiente: un chico tímido y sensible, y un poco artista, llamado Stephan, se enamora de su vecina, tímida y sensible, y un poco artista —y más fea que un demonio—, que casualmente se llama Stephanie, y… ¡Dios mío, qué pereza! Nooooo. No os preocupéis que aún hay más, porque como el argumento está un poco más sobado que el velo del paladar de Malena Gracia, al director no se le ocurre nada mejor que poner un toque de poesía visual. Poesía visual, sí: unos muñequitos de trapo...

¡POR DIOS, QUE ALGUIEN ACABE CON ESTO! ¿Por qué no me clavan astillas debajo de las uñas y acabamos de una vez?

La tortura china que acabo de describir se titula La ciencia del sueño y, en efecto, tanto por su estética como por su (oligofrénico) guión induce al sueño más absoluto; aunque, en español, a eso le llamamos pesadilla. ¡Qué espanto! Michael Gondry, si en algún momento un caballo (de fieltro, como Pony Boy, qué mono…) me da una coz en la cabeza y me deja medio tonto, o tonto del todo, recuérdame que nunca, repito, NUNCA vuelva a pagar seis euros para disfrutar de otra ración de poesía naïf perpetrada por ti. ¿Poesía? Bueno, claro, si confundimos poesía con puerilidad, tal vez sí que lo sea. Es como lujo, que ahora todo el mundo lo confunde con cursilería…

En fin, el caso es que hubo un momento en que no me quedó más remedio que cerrar los ojos y entregarme a una proyección privada. Y recurrí, una vez más, a un clásico: Recuerda, otra de esas películas que, por muy maestro que sea el maestro Hitchcock, me pone los pelos de punta.

Seguramente, para los criterios estéticos de Hollywood en 1945, Salvador Dalí era lo más moderno entre lo moderno. Ni corto ni perezoso, David O. Selznick recurrió al pintor más cursi de la historia para que se hiciese cargo de las escenas oníricas y… bueno, el resultado es lo que todos conocéis: una aberración en la filmografía de Alfred Hitchcock capaz de provocarle un ictus a un psiquiatra argentino, incluso a un psiquiatra de Albacete. Un auténtico disparate que ha envejecido tan mal como la papada de Sara Montiel. Aun así, hay que reconocer que Recuerda, al lado de La ciencia del sueño, es como un Balenciaga al lado de Agatha Ruiz de la Prada. En fin...

Moraleja: Modernos del mundo, id a ver la última película de Michael Gondry, id… y luego quemaos a lo bonzo, por favor.

4 comentarios · Escribe el tuyo

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Kaki Lapique

Hija mía, pues yo pensaba ir a verla. He oído buenos comentarios. En fin, ya veré lo que hago.

Citarme a la Sara Montiel de los últimos 20 años es como adentrarme en uno de esos libros de maravillas en los que los seres tenían ojazos en vez de pezones y encima de los hombros, nada. En fin.

En cuanto a Recuerda la vi una vez y me pareció interesante. No recuerdo mucho los pasajes de Dalí.

Kisses, Lou.

Louella

Vaya a verla. Lo mismo le gusta... La verdad es que, últimamente, me siento súper extraterrestre. La crítica va por un lado, el público por otro y yo, mientras tanto, estoy recogiendo flores (y colillas) en la cuneta.

Galax Pictures

Suelo ser bastante clásico en gustos, pero reconozco que lo moderno, igual que todo en esta vida, tiene dos caras y según se utilice puede mostrar una u otra. Se me ocurre por ejemplo Baz Luhrmann; con su estilo hortera, recargado y postmoderno nos ha ofrecido por un lado la ridícula, grotesca y chirriante Romeo+Julieta, y por otro lado la espléndida, fantástica y sublime Moulin Rouge.
Saludos.
http://www.gp-cine.blogspot.com

El Marqués de Portugal Este

El cine, como la vida real, necesita cerebro...

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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