Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Doris Mary Ann von Kappelhoff. Seguramente el nombre no os diga nada, pero si digo Doris Day la cosa cambia. Ella siempre odió este nombre: decía que sonaba a stripper (y llevaba razón, aunque si tuviese que elegir un nombre para dedicarme a enseñar el culo y las tetas yo elegiría otro: Beverly Hills), pero me temo que la virginal Doris nunca tuvo eso que se llama un ojo infalible.

Por ejemplo: los productores de El hombre que sabía demasiado, de Hitchcok (que veía una melena teñida y perdía el norte), tuvieron que presionarla con medidas legales si no accedía a cantar Que Sera, Sera. A ella no le gustaba. La pobre tuvo que apechugar con esta canción —un poco machacona, en ese hay que darle la razón a la peroxidada Doris— el resto de su vida.
Otro ejemplo: rechazó el papel de Señora Robinson en El graduado. Para matarla. Y otro más: se casó con Marty Melcher, que además de pésimo representante (fue quien le aconsejó no interpretar el papel que hizo famosísima a Anne Bancroft), resultó ser también pésimo administrador. Desafortunadamente, Doris no se dio cuenta de eso hasta que su marido (el tercero) estiró la pata y se encontró con que la había dejado con una mano delante, otra atrás y la calle para correr. Ni corta ni perezosa, Doris demandó al socio de su difunto marido, Jerry Rosenthal, por estafa y logró una indemnización de 20 millones de dólares.
A mí Doris Day me gusta. Me parece, sí, buena actriz. En Quiéreme o déjame está estupenda y en las comedias que coprotagonizó con Rock Hudson me parece que está deliciosa. En los articulitos que Terenci Moix escribía para el ABC, empleaba siempre una expresión que a mí me encanta: comedienne. Pues bien, creo que Doris Day es una excelente comedienne, además, claro, de una intérprete maravillosa (aunque no es, ni mucho menos, mi favorita: prefiero a Peggy Lee de aquí a Lima ida y vuelta).
Pero, sobre todo, hay un detalle de su vida que me fascina. Me encanta que la Virgen Oficial, la ruborosa rubia, la cándida vecinita de la puerta de al lado fuese… ¡ninfómana! Por supuesto, no es más que un cotilleo. ¿Pero no os parece un rumor maravillosamente malintencionado? Rock Hudson, maricón perdido; Doris Day, una loba. También es verdad que ella pertenece a la Ciencia Cristiana, así que lo de la ninfomanía me resulta un poquito increíble, pero no deja de ser una de esas bromas (de pésimo gusto y que tanto me gustan) a las que Dios es tan aficionado.
Moraleja: Cuidado con vuestro tono capilar, puede marcar el resto de vuestra vida.
El Marqués de Portugal Este
Doris Day ha sabido siempre estar. Es mejor ser que estar. Pero... hay tantos actores que no saben ni estar.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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