De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
14 Diciembre 2006

Esputo Spoto (2): ¡qué crueles son los mitómanos!

Cuando el entrevistado te pone ojitos y te dice cosas tipo: “Nunca he dicho esto antes pero… me inspiras” o “Mmmm, realmente es un placer hablar contigo” llega el momento de poner pies en polvo… rosa, no sin antes meter un poco de cizaña: “Me recuerda usted tanto a Kitty Kelly”. Mano de santo. Los ojitos se transforman en dos meras rendijas.

A mí, la entrevista me sirvió para darme cuenta de una cosa. Según Donald Spoto, “el mito es una fantasía que tiene la gente; esto es algo ofensivo para el personaje, para la persona, para el actor.” Y tiene razón. Al final, nosotros, los mitómanos, condenamos a nuestros mitos a permanecer en lo más hondo de su cueva.

Como Marlene, por ejemplo: “Se veía a sí misma como un monstruo sagrado” ¡Y lo era! Una mujer que se construyó a sí misma, de la cabeza a los pies: que dibujó sus cejas, diseñó sus pómulos, rehizo sus labios, incluso perfiló la sombra de la nariz para intentar afilarla, todo era perfectamente antinatural, todo era puro artificio. Actuaba con un espejo al lado de la cámara, tal Joseph von Sternberg le enseñó, para cerciorarse de que su imagen era la que ella –y su público– esperaban: todo en su sitio.

Era una esclava de su belleza. Como Garbo. Porque la belleza es un don amargo, sí, que esclaviza a sus ángeles (Henry James lo narra maravillosamente en alguna de sus novelas, como La edad ingrata). En el caso de Marlene, su belleza fue también una condena: “Ella creía que al perder su juventud y su belleza entonces dejaría de tener un lugar en la sociedad”.

Donald Spoto considera que eso es un error. Para un biógrafo, sin duda; para un mitómano, jamás. Los fans somos sumamente crueles con nuestros mitos. Yo lo soy. Con todos ellos.

Morajela: Si, a la hora de admirar, preferís a Mae West por encima de Santa Gemma Galgani, creedme: tenéis un problema. Básicamente, un problema de estilismo.

5 comentarios · Escribe el tuyo

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Begoña

La verdad es que cuando veo imágenes de las pelis de Mae West no llego a entender por qué resultaba atractiva, a mí no me lo parece. La verdad, incluso estaba gorda. Me hace gracia la seguridad que tenía en sí misma, sus contoneos y su descaro al hablar (sus frases míticas son muy buenas) pero ni era una actriz a destacar ni tenía glamour ni na... Supongo que escandalizó a la vez que hizo gracia. Mae no está entre mis preferidas.
Lo del espejo al lado de la cámara es increible!!

Louella

Pues lo del espejo lo hizo en su día... ¡Sara Montiel!

el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)

Mae West me recuerda a Florinda Chico pasada por Hollywood (ver sus espureos strip-tease en las películas de Paco Martinez Soria) y es una actriz de consumo eminentemente doméstico como W. C. Fields y Bob Hoppe, hay que ser norteamericanos para gustarte.
Un mito necesita salir del localismo , debe ser universal.

Agrafe Cartier

A mi me gusta Mae, me enternecen las mujeres que sin ser guapas, consiguen hacerse un hueco en la memoria (o en otros sitios).

El Marqués de Portugal Este

Lo malo no es envejecer. Lo malo es que te envejezcan.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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