Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
La memoria es extraña –es extraña y una hija de puta–, y la muerte de Robert Altman, uno de mis directores (vivos… hasta ahora) favoritos, me ha devuelto el recuerdo de Ivor Novello, uno de mis intérpretes favoritos de aquella época dorada, la Inglaterra de entreguerras, la del grill del Savoy, El sombrero verde de Michael Arlen, las sátiras de Evelyn Waugh y el ocaso de las grandes casas de campo inglesas.
Yo, espiritualmente, me siento muy británico. Luego abro la boca y me sale el pelo de la dehesa, pero si no la abro –si no la abro, ni bebo, ni pestañeo– puedo llegar a dar el pego. Por eso, por mi fascinación absoluta al faltal encanto de lo british (lo de “fatal encanto” no es mío, es de Anthony Blanche, mi personaje favorito de Retorno a Brideshead), tal vez mi película favorita de Robert Altman es Gosford Park.
Los actores están espléndidos del primero al último, aunque, como siempre, Dame Maggie Smith se los come a todos; la radiografía de aquel mundo en decadencia, de ese götterdämmerung, es espeluznante, melancólica y al mismo tiempo hilarante; y la galería de personajes es sencillamente maravillosa, aunque si tengo que elegir me quedo, naturalmente, con él: con Ivor Novello, interpretrado en la ficción por Jeremy Northam, casi tan guapo como el propio Novello.

Ivor era una estrella del show-business británico en la década de los años 20. Su vida supuraba glamour: sus musicales eran los más lujosos; sus canciones, las más ingeniosas; sus amantes, lo más de lo más (Noël Coward, el poeta Siegfried Sassoon, Laurence Olivier, Bobby Andrews, su novio de toda la vida… y hasta, según esa cotilla mala llamada Somerset Maughan, ¡Winston Churchill!). Hizo un par thrillers con Hitchcock en su etapa muda, pero después de la II Guerra Mundial su estrella decayó. Hasta entonces su vida fue lo que los musicales de la época llamaban “Un Sueño”, un sueño con el que muchas maricas de provincias deliramos durante nuestra adolescencia.
En fin, larga vida a Robert Altman incluso después de muerto. Y larga vida a Ivor Novello too.
Moraleja: Aunque la Comunidad de Madrid os diga que leer os hace diferentes, libres, bla-bla-bla, no la creáis. Leer SÓLO os hace ser más melancólicos.
Alice
Tengo muchas ganas de ver la última película de Altman, y sí, última por desgracia.
Vero
Mi favorita es Vidas Cruzadas.
Begoña
Gosford Park es una despedida a lo grande.
Larga vida!
el otro Ben-Hur (Ramón Novarro)
En mí debe e de reconocer mí total desconocimiento de la figura del señor Novello,esa augusta efigie que merecía ser esculpida por Miguel Angel.
A mí tambien me fascina lo brithis (siempre que no tenga que ver con la comida) y en ese decadente periodo de entreguerras admiro sobremanera al señor Ronald Coldman artífice de la elegancia con un toque sport, enmarcado a la perfección en una residencia campestre, para muestra su interpretación en esa estupenda película de Lubischt "La importancia de llamarse Ernesto".
Vero
Gosford Park no es su despedida. Queda por estrenar en España A Prairie Home Companion, con Meryl Streep y Woody Harrelson. :)
El Marqués de Portugal Este
Los famosos olvidados son seres maravillosos.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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