Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Jennifer Jones siempre se pasó siete pueblos. Siete. Sus interpretaciones son MUCHO más grandes que la vida. Son, incluso, más grandes que el porno. En La canción de Bernardette, por ejemplo, pone un careto tal que nunca he sabido si ve a la Virgen o se ha tomado un ácido (el campo es lo que tiene: al final, estar rodeado de hierbas pasa factura). En Jennie (¡maravillosa!)interpreta a una adolescente con tanto entusiasmo que, más que una tinajera, lo que parece es una locomotora. En Duelo al sol, una de mis películas favoritas, el nombre de Perla se le queda pequeño; debería llamarse Majorica. Da una lección de sobreactuación tan brutal que, a su lado, Joan Crawford parece escapada de una función de teatro Nō. En La colina del adiós consigue hacerme llorar a fuerza de manierismos. En Madame Bovary…

En fin, el caso es que a mí la Jenny me encanta. La adoro. Pero, como siempre, en mi caso cine y vida, o lo que es lo mismo, ficción y realidad se hacen la manicura mutuamente: me encanta Jenny por ser una actriz de las que ya no quedan… y por ser una anfitriona de la vieja estirpe.
Truman Capote, un mal bicho según todos los testimonios de sus contemporáneos, hablaba maravillas de Jennifer Jones. Lo más curioso de todo es que consiguió mantener la amistad con dos archienemigas, Irene Selznick, ex de David O. Selznick, y Jennifer Jones, que la sucedió en la mansión y el tálamo nupcial, sin necesidad de hacer juegos malabares. Por la mañana podía tomar un dry martini con Irene y por la tarde, chismorrear con Jennifer. Ambas se lo permitían.
Según todos los que la conocieron, Jennifer Jones tenía un talento infalible para la alta costura, para los centros florales, para los impresionistas… En fin, para todas esas cosas que convierten a una parvenu en una gran dama. Para todas esas cosas que YO trato de aprender a toda costa (reconozco que mi gusto para los centros florales deja mucho que desear; es más, es abominable: pertenezco a la cultura del floripón) y que, sin embargo, tienen los días contados.
Me gusta JJ porque es lo que, para mí, debería ser siempre el cine: bigger than life. Pero bigger, bigger.
Moraleja: Jamás seáis naturales. La naturalidad no existe. Y si existe, va mal vestida y peor peinada.
El Marqués de Portugal Este
Lo que va de los 50 a hoy día es lo que va de la Jones a la López.
Angela
Totalmente de acuerdo. Me hacen muchísima gracias los tíos que dicen: "A mi me gustan las chicas sin maquillar". A lo mejor será, tontones, porque si el maqueo es decente, no os dáis ni cuenta. Abajo con la naturalidad y con la realidad. Todo lo que es mentira es mejor.
profesorguapito
Centros de flores...? La Jen se cambiaba tuberías enteras y desatascaba desagües a golpe de llave inglesa. La echo de menos... snif.
el otro Ben-Hur ( Ramón Novarro)
Seguro que recuerdan a Desireé, ese amor de juventud con ese Brando con más maquillaje que la Jones y mucho actor-studio, amor virginal del bueno y un Napoleón raro, raro....
Agrafe Cartier
La única naturalidad que entra en mi casa lo hace en forma de centro floral biedermeier.
Pero queridos: oscar portela
Veanla en "Amor en brumas".....aunque los críticos la destestaran era la señora elegante - pocas se movían como ella-
la gata maulladora , "Duelo al Sol", la timida monjita de "Bernadette", la amante actiz de "El pecado de Cluny Brown" o "Estación terminal"......La vieron en "Jennie" con Cothen, magnifica! La gran Jeniffer Jones. De estás ya no vienen más. Me gusta como juegan ustedes para un viejo como yo es divertido. OP
Error por oscar
Desire de Koster, no es con la Jones y Brando nunca trabajó con Jeni, si con la Simons. Oscar/ por otra parte si, existen mejores napoleones, incluso el Boyer con la Garbo. Ni que hablar del Napoleón de Mr Steiger. ¿Pero porque tan raro ese Napoleón?????
Ese Napo era muy joven, muy arribista y especulador, muy travieso y seductor. Oscar
Silvestre Lanza
Inolvidable Jennifer en Retrato de Jennie, cuento fantástico de amor y tiempo y muerte, enque es una Aurelia nervaliana fascianante y en Duelo al Sol, ese gran western romántico yépico de King Vidor en que ella esPerla Chavez, tigresa mestiza, sensual, terrible..
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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