De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
19 Octubre 2006

Narciso Rosa: un post novela-río*

* Este es un post larguiiiiiiiiiiiísimo, pero LEEDLO HASTA EL FINAL, porque os prometo que merece la pena.

Tener un mundo propio es tan importante para un artista como tener talento. En ocasiones, más. Hay artistas que tienen talento pero no un mundo privado. Esos artistas no me interesan. Hay otros, en cambio, que tienen un talento relativo —concedámosles el beneficio de la duda, sí—, pero un mundo interior riquísimo, tanto que termina por explotar y salir por algún lado, como una pústula. Entre esos artistas, que me apasionan, hoy quiero hablar de uno, James Bidgood, que sólo dirigió una película, pero esa peli es un clásico, Pink Narcissus.

Como habréis observado, me encantan los narcisos: Narciso negro, de Powell & Pressburger; y ahora este, Pink Narcissus, un narciso tan envenenado como el de los directores británicos. En este caso, se trata de un título de culto en el circuito underground, tipo Kenneth Anger, pero pelín más decadente.

Atención al argumento: un profesional de amor (del amor mercenario entre caballeros, por más señas) se toca con intenciones sicalípticas mientras se imagina, en una especie de delirium tremens, una serie de historias protagonizadas por él mismo, en las que lo mismo es un esclavo romano, que el mismo Narciso que… ¡un torero! Y todo eso, en medio de una escenografía de lo más delirante y con muy poca ropa, por no decir ninguna.

Lo más alucinante de todo es que toda la película, incluidas las escenas que, en la ficción, pasan en exteriores (por ejemplo, en la Roma imperial), James Bidgood la rodó dentro de su microapartamento en el Midtown neoyorkino. Los decorados son un delirio kitsch que ríete tú de las fotos de Pierre et Gilles (que le plagian a saco, como otros fotógrafos: entre ellos, la famosísima Cindy Sherman y otros no tan conocidos, como los norteamericanos Paul McCarthy y Gregory Crewdson y la australiana Tracey Moffatt). En fin, el caso es que James Bidgood se lo curró todo él: el vestuario, la historia (ausencia de), los decorados (lisérgicos)… Hasta los modelos, que el propio Bidgood se encargaba de reclutar mientras trabajaba como fotógrafo para algunas revistas de culturismo de la época (ya sabéis, beefcake por un tubo: cachas de los 60 con mucho tupé). ¡Un delirio!

La vida del señor Bidgood tampoco tiene desperdicio. En 1951, a los 18 años, tuvo que poner pies en polvo... rosa y salir pitando de su pueblo (Madison, Wisconsin) rumbo a Nueva York, tras abrir la puerta del armario de una patada, soltarse la melena y dejar que las horquillas saliesen disparadas en todas direcciones. Rápidamente, encontró trabajo en algunos espectáculos off-Broadway, pero off-off: vamos, que actuaba como travesti (en el club 82, por ejemplo). Allí, también él solito se creaba el atrezzo, el vestuario, los decorados… Intuyo que salió del pueblo muy, pero que muy quemado. Más que un ninot. Y es que, en los 50, en un pueblo de Wisconsin, era muy difícil realizarse como MUJER y como ARTISTA.

Como no sólo de bolos vive el travesti, rápidamente recondujo su talento al escaparatismo. Se matriculó en una escuela de arte, la escuela Parsons de Diseño, donde ganó un premio. Después de su graduación, no se le ocurrió otra cosa que diseñar el vestuario de una “sociedad de damas” para el Carnaval de Mardi Grass (un overdose de plumas capaz de ahogar en purpurina a una oca). Al parecer, sus modelis eran una mezcla de Chica Ziegfield, Erté, bailarina del Folies Bergère vestida por Pepito Zamora y Burbuja Freixenet. Algo maravilloso por lo que seguramente Jean Paul Gaultier mataría.

De ahí pasó al teatro y se dedicó a diseñar para una marca de ropa de ballet, la compañía Capezio. Bueno, pues resulta que diseñó unas zapatillas de baile tan maravillosamente absurdas, a juego con un vestuario de época, que la propia compañía le encargó dos cortos para promocionar sus diseños, cortos que hoy están en los fondos del MOMA. ¿Cómo se os queda el cuerpo? Pues aún hay más.

En todo ese tiempo, James Bidgood se había hecho fotógrafo-froilán (freelance, para quien no domine la jerga) de las revistas de culturistas editadas por Joe Weider en aquellos tiempos anteriores al porno gay. Allí, Jimmy conoció a un auténtico ejército de CHULAZOS que rápidamente reclutó para su propio sueño: una película en la que pensaba proyectar todas sus fantasías, Pink Narcissus.

Empezó a rodarla en el año 1963 con ayuda de unos patrocinadores —entre los que hay quien dice que estaba, nada más y nada menos, que Andy Warhol— que, naturalmente, lo que querían no era producir ARTE, sino otra cosa, bastante más rentable: porno, para qué nos vamos a engañar. Pero Jimmy tenía otra cosa en mente: él quería hacer un must de la iconografía gay y se puso a ello con tanto ahínco que, siete años después, en 1970, su película aún no estaba terminada. Natural, cuando tienes que coser TÚ MISMO miles de lentejuelas a tu propio Arco del Triunfo romano o pintar unos corales de tonos IMPOSIBLES que no están en la naturaleza, tu opera omnia se eterniza.

En fin, el caso es que los productores, hasta el kimono ya de tanta pluma, le arrebataron el material, lo montaron como Dios les dio a entender y, un año después, lo estrenaron en circuitos… mmmm…, digamos que MUY independientes. Super, super independientes, vamos. Como saunas.

Bueno, pues el caso es que en 1999 remasterizaron una copia, la exhibieron en el MOMA y fue un EXITAZO. Mientras tanto, durante todos estos años el señor Bidgood jamás vio un dólar por los derechos de autor de las fotos de la película (delirante, ya os digo) y mucho menos por la peli, hasta que la editorial Taschen editó un libro sobre su obra y se convirtió poco menos que en un mito. Pero un mito-mito.

Durante todos estos años, James Bidgood ha trabajado como estilista y ha vivido con su novio, Bobby Kendall, un chulazo al que conoció mientras le hacía fotos para la revista The Young Physique, y ha escrito un guión basado en su propia vida, The Pretty Good Life of Jimmy Bundle. Por el amor de Dios, Kike Sarasola, si me lees, ¡produce esa película!

Moraleja: Pedro Almodóvar tardó casi dos años en hacer Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Nunca, jamás, tardes más de dos años en hacer nada. Hay partos que no hay por qué dilatar.

8 comentarios · Escribe el tuyo

Comentarios » escribe el tuyo

M.

Qué pasada de hombre!! La historia es fascinante... a ver si te escuchan :)

bob

qué bueno...

BEGOÑA

NO TENGO NI IDEA DE QUIÉN ES ESE TÍO DEL QUE HABLAS NI TAMPOCO ESA PELI, PERO DA IGUAL, ME GUSTA CÓMO ESCRIBES. RESULTA INTERESANTE Y SIEMPRE CONSIGUES QUE EN ALGÚN MOMENTO ME RÍA.
GRACIAS SALAO.

bob

¿salao? ¿SALAO?

BEGOÑA

Sí, salao. ¿Por qué lo dices?.

La Marquesa de Portugal... Oeste

Begoña, Sweetie, en determinados... mmmm... ambientes, "salao" puede ser un insulto.

BEGOÑA

Vaya! no tenía ni idea. Por ambientes te refieres a "ambientes", claro. Sí , lo del...mmm... ha sido suficientemente descriptivo. Pués nada, muchas gracias por la información, darling.

S_Flyte

Sí, queridos.

Fascinante!. Esa turbia escena en los urinarios...
Esos glúteos asfixiados por la lycra, el cuero, los espejos coronados en forma de glande...

Véanla, deléitense...

Recomendaciones

Escribe tu comentario

TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.

Añádeme a tu página de Google

Añádeme a tu página de Google

El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

suscríbete