Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
Nicholas Ray es uno de mis directores favoritos (tuerto, com Fritz Lang, Raoul Walsh y El Plomo). Johnny Guitar, una de mis películas favoritas. Y este diálogo, uno de mis favoritos:
Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantos como mujeres tú recuerdas.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: No me he movido.
Johnny: Dime algo agradable.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Vienna: Te he esperado todos estos años.
Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.
Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Vienna: Aún te quiero como tú me quieres.
Johnny: Gracias (bebe). Muchas gracias.
Utilicé la última frase para acabar mi novela La cabeza de mi madre, que nunca publicaré (es muy mala y NO es falsa modestia; ABORREZCO la falsa modestia). Almodóvar utilizó ese diálogo para que la protagonista de Mujeres al borde de un ataque de nervios, Pepa, uno de los personajes femeninos más totales de toda la historia del cine, dialogase con Iván, la voz humana (ausente). Y Joan Crawford, que años antes de rodar Johnny Guitar tuvo un romance con su director, utilizó ese guión para convertirse un mito y para despejar de una vez por todas cualquier duda: además de estrella, era un ACTRIZÓN.
Pues bien, en mi búsqueda del cine en la vida real, descubrí que hace años Nicholas Ray, el director de Rebelde sin causa, vivió en Madrid en la década de los 60. Por aquella época, también vivía en la Villa, Corte y Mentidero, muy cerca de él, Ava Gardner. Los dos tenían aficiones comunes: odiaban Hollywood y bebían como cosacos; y a los dos los unía el amor por la buena música, amor que Ava le llevó a casarse con Artie Shaw y a Nick a abrir un club de jazz en Madrid, Nikka’s, en el que actuaron algunos de los mitos del jazz del pasado siglo, como Dizzy Gillespie.
El Nikka’s cerró, pero Nicholas Ray abrió otro club que aún sigue abierto, un piano bar llamado Tosca al que fui en peregrinación cuando cerraron mi coctelería favorita de Madrid, Balmoral. Tosca es hoy un puti-club infame, pero por sus paredes pasaron, entre otras, actrices de Hollywood, marqueses alcohólicos, estrellas y starlettes, generales norteamericanos de paso por Madrid, espías, empresarios, putas (allá donde haya un ampresario, cerca, muy cerca, habrá una puta)… En fin, lo mejor y lo peor de un Madrid que ya no existe. Y Nick Ray, y su hijo, y un montón de gente. Y yo.
¿Quedamos en Tosca? Quedamos.

Moraleja: “No hay que volver la vista atrás. Ese ‘atrás’ no existe”, Bette Davis. Amén, hermana.
bob
a mí esa novela tuya no me parece mala. Le hacen falta unos retoques, pero no es mala. Para nada.
escritopor
No tenía ni idea de que ipsum Nicholas Ray había parado por aquí. Mi debilidad es "En un lugar solitario". Nací cuando me amaste... etc. Además que Humphrey Bogart haciendo de guionista cabrón es una inspiración para todos nosotros.
Gran idea la soirée.
Chu
Más sorprendente es la amistad (y a punto estuvieron de hacer una peli juntos) que mantuvo con Mari Trini. Antes del paralís, claro está.
Jose Ignacio Lapido hace referencia al famoso dialogo en una de sus hermosas canciónes;
"Te mentiré y te diré que te quiero, como dijeron en Johnny Guitar.
Te escribiré una triste canción, la más triste que hayas oido.
Cuando vuelvan las palabras del exilio.
Y hablaré a las plantas carnivoras sobre el pecado original, así crecerán sabiendo que hubo una vez un paraiso,
y gritaré a las nubes que pasan, cuando volvais yo ya no estaré aquí
Cuando vuelvan las palabras del exilio".
Hace poco vi "Amarga victoria", otra joya de Nick.
El Marqués de Portugal Este
"Tosca" murió el día que un alcalde de Madrid prohibió aparcar en segunda fila en la calle María de Molina.
El dinero, los empresarios, las putas y los coches en segunda fila son todo parte de un mismo organismo.
Silvestre Lanza
Nicholas Ray trabaja con un argumento delirante que usa las convenciones del western, del melodrama amoroso y aun algunas del cine fantástico (el paso por la cascada lleva a otra dimensión de la aventura) para realizar un film sublime, barroco, romántico, casi operático, lleno de balas, de explosiones, de fuego, de pura poesía. Lástima de una Crawford demasiado añosa, viril, dura para un personaje que si habría de ser duro hubiera "funcionado" mejor con una apariencia más joven, dulce, realmente sexy (la Crawford nunca lo fue para mí). ¡Lo que hubiera sido el film con una "angel face" como Janet Leigh, por ejemplo (está sublime en The naked spur, de Mann)..-Silvestre Lanza!.
Andrés Marceño
Coincido una vez más con Silvestre Lanza. El western absolutamente extraño en su género que es Johnny Guitar chisporrotea cine por todos los poros. Western romántico, barroco, delirante, una de las joyas en fuego de Nicholas Ray. El diálogo entre Johnny y Viena: "¿cuántos hombres hasolvidado", etcetera, y la canción felina de Peggy Lee están en el corazón de todo cinéfilo que merezca tal título. Además hay por debajo de la narración un ardiente mensaje antifascista.
TCM no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones vertidas por sus colaboradores.
Añádeme a tu página de Google
El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
Turner Classic Movies © 2008 · todos los derechos reservados
Canaltcm.com es parte de Turner Sports and Entertainment Digital Network