De Cine

Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
19 Septiembre 2006

Expediente Voronoff

En Fedora, una especie de El crepúsculo de los dioses con pantalones de campana, Billy Wilder disecciona la obsesión de Hollywood por la juventud. Las estrellas son capaces de hacer cualquier cosa para aparentar tres años menos, tres meses menos, tres días menos: microdermoabrasión, botox, inyecciones de vitaminas, colágeno, un lifting capaz de convertir cualquier careto en una pandereta-pérez (tengo la teoría de que cierta dama, mecenas conspicua, una dama que-se-tiñe-ella-misma —con eso está todo dicho—, produce el mismo sonido que una zambomba cuando practica ciertos ritos latinos: zum, zum, ¡ZUM!)…

Sí, las estrellas son esclavas de su belleza —que se lo digan a Nicole Kidman, ¿verdad, Nicky, querida?— y, cuando empieza a marchitarse, están obligadas por contrato a revivirla, cueste lo que cueste. LO QUE CUESTE, sí.

Y aquí entra de nuevo Billy Wilder y el calvario de su personaje para seguir siendo joven y famosa. Eternamente joven y eternamente famosa. Fedora recurre a un personaje real, un personaje que existió y que en los años 40 estuvo en España (lo cuenta Luis Escobar en sus memorias): el doctor Voronoff.

El doctor Voronoff era un médico ruso, nacionalizado francés, famoso por su fáustica búsqueda de la eterna juventud. Había nacido a finales del siglo XIX en Rusia, en 1866, y se hizo famoso porque en los años 20 parecía un galopín. ¿Cómo era posible? Su secreto, y el de sus clientes, maduros magnates y hombres de letras como Anatole France y George Bernard Shaw, eran los testículos de mono. El doctor Voronoff se los quitaba al babuino de turno y… ¡zas!... se los implantaba a cualquier carcamal que quisiese volver a sentirse como un toro.

Las damas más encopetadas de la jet-set internacional, muchas de ellas actrices que se resistían con uñas y dientes a envejecer, también recurrieron al doctor Voronoff y a las inyecciones de glándulas de mono. Lo que era bueno para sus maridos tenía, forzosamente, que ser bueno para ellas. Algunas pasaron por su clínica, otras compraron las glándulas y se las inyectaron ellas directamente. ¿Que se me cae la papada? Testiculazo de mono al canto. A algunas no les pasó nada, otras tuvieron graves infecciones y otras, como Fedora, la pobre, se quedaron hechas un cuadro: de núbil belleza a la mona Chita.

Luis Escobar cuenta cómo en una recepción diplomática apareció un hombre viejísimo como un Matusalén prognato, como el Doctor Zaius, acompañado de una radiante mujer rubia, elegantísima, que al parecer era su mujer. Se produjo un silencio sepulcral. Era el doctor Voronoff, en viaje de negocios por España.

Y yo me pregunto, después de ver a Carmen Martínez-Bordiú en Mira quién baila, ¿no tendrán los monos algo que ver con esto? ¿Su comportamiento en los últimos años no se deberá a la genética simia?

Moraleja: Querida Rosa (Belmonte), no vuelvas a citarme sin consultar antes la fuente original porque luego pasa… lo que pasa. El domingo pusiste la cita que había utilizado yo de Ricardo Calvo a César González-Ruano en tu artículo Expediente ñ, el efectismo de la naturalidad. Hasta aquí, no hay nada que reprocharte. Yo también soy carne de casa de citas. Pero, eso sí, las cotejo con el original. Si lo hubieses hecho te habrías dado cuenta de que Ricardo Calvo no hablaba del cine, de hecho, la palabra cine no salía por su boca, sino del teatro y la impostura de la naturalidad en escena. Pero, claro, como este es un blog de cine, yo, ris-rás, pegué el cambiazo y… cuál no sería mi sorpresa cuando me encuentro con mi cita, un poco falseada, cuatro días después en el ABC. Rosa, Rosa, más cuidadito, mujer…

9 comentarios · Escribe el tuyo

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bob

querida Louella, te recomiendo que eches un vistazo al planchado de Linda Evans. Y a todo lo que cuenta Shangay Lily aquí: http://www.shangaylily.com/diario/archives/00000346.htm
Sé que te va a encantar.
Besos enormes

bob

por cierto; cómo me gusta Fedora...

louella

MARVELOUS!

Fatman

Tan "joven" y ya plagiada, eso es un nivel! A no ser que sea la hermana botoxizada de la tal rosa (belmonte).

el otro Ben-Hur (Ramon Novarro)

Uno de los ejemplos para no seguir es el de Tony Curtis convertido en no se que engendro de locaza del lifting, me recuerda al ricitos del coche fantástico en plan viejuno.
Seguro que el pobre encima cree que está guapísimo......

troncha

Tan solo un comentario, pelín obsesionada te veo en temas de belleza ¿no?, muchos de tus posts tratan de ella de forma directa o indirecta.

louella

La belleza, en mi caso, no es una obsesión. La belleza, en mi caso, es UNA RELIGIÓN.

escritopor

Me ha encantado la definición de Fedora, Louella. A los columnistas del Abc: ¿por qué a ella sí y a mí no?

Charlesbraket

Bien vistas las analogías entre Fedora y El Crepúsculo de los Dioses.

Y ya que hablamos de Billy Wilder, ¿qué pasa con El Gran Carnaval? No está editada en video ni en DVD y nunca la pasan por las televisiones, salvo un pase excepcional que hizo hace un par de años un canal de pago en homenaje al maestro. Supongo que debe de haber algún problema de derechos, aunque me pregunto cuál y por qué dura tanto y si se resolverá algún día. Sólo la he visto una vez y ya ni recuerdo los años que hace, pero juraría que más de veinte. Y sin embargo algunas de sus imágenes se me quedaron grabadas en mi banda magnética mental. Era un peliculón soberbio, estremecedor. El film favorito de Woody Allen. A los que adoramos a Billy Wilder nos encanta que repitan una y otra vez Con faldas y a lo loco, Primera Plana, Irma la Dulce, Un, dos, tres... u otras como Berlín Occidente, Sabrina, Testigo de Cargo. Y celebramos que se recuperen piezas menos conocidas como El mayor y la menor o Cinco tumbas al Cairo. Pero nos parece clamorosa la pertinaz ausencia de El Gran Carnaval.

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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…

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