Un blog sobre cine clásico. O mejor dicho: un ajuste de cuentas con esa Babilonia llamada Hollywood. Si nunca quisiste ser futbolista sino una reina de la pantalla (y te quedaste en lo primero), éste es tu sitio.
La rinoplastia siempre me ha dado mucho reparo. Como que no… No es que siga al pie de la letra el oráculo délfico de la simpar Naty: “Lo elegante es lo natural” (pronunciado bajo el efecto de la novocaína… o de algo que suena muy parecido, no sé; superfan de Naty). Para nada: lo elegante es lo artificial. Cuanto más artificial, más elegante. Por ejemplo: Kay Kendall. Su seña distintiva era su nariz. Y su nariz, tal y como le contó a Dirk Bogarde, era operada: “El cirujano tenía dos narices, esta y la otra. Me quedé con ésta”.

Yo no soy fan de Kay Kendall. Yo soy DEVOTO de KK. Cuando Audrey Hepburn encabeza sistemáticamente, año tras año, la lista de las mujeres más elegantes de la historia del cine me llevan los demonios. Literalmente. De los pelos. Sí, Audrey era divina, no me cabe la menor duda; daría hasta mi última uña por llegarle a la altura del papiloma del pie, pero NO, no es la más elegante. No lo es. Y punto. La mujer más elegante de la historia del cine es Kay Kendall, a años luz de Audrey.
Nieta de actriz e hija de comediante (vaudevillian, ¡qué maravilla de palabra!), Kay conoció a Rex Harrison en 1955 mientras rodaban The constant husband. Por aquella época, él estaba casado con Lilli Palmer, pero en el teatro inglés los matrimonios eran de lo más abiertos (a juego con los maridos), así que Rex no tuvo mucho problema a la hora de simultanear a Lilli con Kay y a Kay con Lilli… Hasta que el médico le una noticia: “Señor Harrison, la señorita Kendall tiene leucemia y va a estirar la pata. Usted verá lo que hace”.
Lo que hizo fue casarse. Rex y Kay, mi matrimonio favorito de toda la historia, por encima incluso de Raphael y Natalia Figueroa o de Cary Grant y Barbara Hutton, pasaron por la vicaría en 1957. Un año después, Kay, ya bastante enfermita, la pobre, y Rex protagonizaron una de mis comedias favoritas, Mamá nos complica la vida. En ella, Kay, a un paso de la tumba, da lecciones de glamour: cómo llevar una estola de piel y un collar de perlas sin parecer un travesti; es más, da lecciones de cómo llevar un corte de pelo que a cualquier otra le haría parecer una fulana y ella lo lleva como una lady. ¡Cómo era la Kay!
Otro día os hablaré de Las girls…
Moraleja: Desconfía de las listas. Siempre se dejan lo mejor en el tintero. Y, sobre todo, desconfía siempre, siempre, SIEMPRE de un cirujano plástico.
CaKi LapiKe
Chico, chica o travesti: seas lo que seas, eres estupendo. Gracias por descubrirnos a Kay. Me fijaré en ella a partir de ahora.
Un poco exagerado no Oscar Portela
Señor, lo desafío con las mejores imagenes de Veronica Lake o de Janeth Leigth entre otras, sin desmerecer su elección. Oscar Portela
OP : Perdón Señores.
Recuerden : busquenla en sus mejores momentos porque todavía actúa: Jeans Simmons: belleza, talento y lo que el compañerito dice , todo "elegancia".........Perdón señores! OP
Joseba Aranzueque
Eres la primera persona que conozco que conoce a Kay, que la admira y la considera por encima de Audrey.Da gusto encontrar a alguien que por fin sepa quien fue Kay.
J.M. Madern
Sí, en efecto, Kay Kendall fue la elegancia en pesona... femenina.
Me impresionó viéndola en una pelicula hace años, creo que fue con Rex Harrison. Durante un desayuno se oye crujir el pan tostado en el más completo silencio. El aburrimiento de un matrimonio.... ¡Qué maravilla de actriz K.K.!
Jerónimo
Maravillosa. Una de las actrices con mayor "glamour" de la historia del cine. Todas sus películas (que, desgraciadamente, no fueron muchas por su prematura muerte) nos dejaron la calidad y la elegancia de esta hermosísima mujer. Desde mi infancia, cuando la ví por primera vez en "Las aventuras de Quintin Durward", hasta este momento (ya con sesenta tacos) no he dejado de admirar sus extraordinarias interpretaciones... superiores a otras interpretes que gozan de mayor fama, que no categoria, en el Séptimo Arte. Sirvan estas líneas para reconocer y rememorar sus prodigiosas representaciones.
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El cine ha marcado mi vida. Cuando tengo un problema, no acudo a una iglesia sino a una sala a oscuras (cuestión de preferencias: si tengo que arrodillarme ante un hombre, prefiero hacerlo ante Jimmy Dean). Si algo me ha enseñado el cine es que está lleno de ejemplos a imitar. Sin ir más lejos, Jeff Hunter en Rey de Reyes: si van a abofetearte, ofrece siempre la otra mejilla… maquillada. Pero, sobre todo, está lleno de cosas (y personas) a no imitar. Por ejemplo…
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