Primer drama de larga duración dirigido y no interpretado por Charles Chaplin, una historia marcada terriblemente por un inesperado suicidio
Título original
A Woman of Paris
USA - 1923 - 78 min.
VO, VE - .
Calificación: 7
Drama
Director: Charles Chaplin
Intérpretes: Edna Purviance, Adolphe Menjou, Clarence Geldart, Carl Millar, Lydia Knott, Betty Morrisey
viernes 17 octubre de 2008 a las 19:00
SilvestreLanza
Quizá esta insólita película, que es melodrama puro, sin rasgos de humor y sin más intervención de Charlie actor que en un breve momento en que un espectador al acecho lo puede distinguir como un mero y fugaz maletero de estación de tren, sería hoy enteramente olvidada si no llevara la firma de Chaplin, que la hizo en homenaje a Edna Purviance, la actriz que como la 'sweet girl' de costumbre en su obra anterior, la acompañó durante un gran número de sus comedias de corto metraje y a la que, cuando consideró que tendría que sustituirla por una actriz más joven y conveniente en ese papel, le había ofrecido una película para que hiciese carrera de actriz dramática (propósito que no se cumplió, pues Edna no tenía más talento que el que bastaba para las comedias de Charlot).
"Una mujer de París" es el primero de los films en los que no es Chaplin la estrella, pero está presente a través de su aguda mirada de irónico pintor de costumbres sociales. Él contempla a sus personajes sin misericordia, enmarcándolos en un cuadro social de moral establecida (en Francia el título fue "L'opinion publique") y los dotó de una complejidad y una amoralidad notables para la época del cine silencioso.
Hoy casi relegada a la programación de las cinetecas (y no sé si estará en DVD), "Una mujer de París" asombra por su modernidad en el tratamiento del asunto y los personajes, por la buena economía de la actuación, de la puesta en escena y en pantalla, y por el inteligente uso de la edición y de la elipse (ejemplos: basta la aparición de un cuello duro de Adolphe Menjou en el cajón del tocador de la mujer para indicar una relación "incorrecta", o el paso sobre el rostro de Edna de unas luces, las de supuestas ventanillas de un tren en marcha, para sustituir narrativa y dramáticamente todo un vasto decorado de estación ferroviaria.
Chaplin ya en ese año 1923 soñaba con hacer films puramente dramáticos, pero como desde su estreno esta película no obtuvo buen éxito, decidió retomar su personaje de siempre y enviarlo a las nevadas montañas de Alaska donde bajo el título de "La quimera del oro", seguiría su peripecia en modo de...¿cómo llamarlo?... lo diré con una palabra en "collage" y de demasiadas silabas (¡trece!): cómicosatíricomelodramático (¡uf!).
El humor, pero un humor sarcástico, sí aparece en alguna ocasión: por ejemplo, cuando Marie Saint-Clair (Edna), decidiendo romper con su amante Pierre Rével (Adolphe Menjou en su primer papel importante, que repetiría hasta el hartazgo), arroja por la ventana un collar de perlas y luego, viendo que un vagabundo callejero va a llevarselo, baja se lo arrebata.
Y uno piensa que el vagabundo callejero bien pudo ser Charlot, que una vez más vería frustrado un momento de buena suerte.
Andrés Maarceño
Ahora que Silvestre ya no está ni Lanza sus agudos, sus no convencionales comentarios que tanto placer y tanta roncha causaban a unos y a otros, quiero rendirle homenaje comenzando porl lamar la atención acerca del agudo sentido del cine que mostraba tener y que no menguaba su amor por el mismo, de lo cual es muestra más que suficientemente este acertadísimo comentario de A WOMAN FROM PARIS. ¡Buen viaje, amigo y cinéfilo numero uno!
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