Adaptación de la novela de Rudyard Kipling, ambientada en la India gobernada por los británicos el Raj británico, una joya del cine de aventuras.
Título original
Kim
USA - 1950 - 108 min.
VO,VE - Sub. E.
Calificación: TP
Aventura
Director: Victor Saville
Intérpretes: Errol Flynn, Dean Stockwell, Paul Lukas, Thomas Gomez, Cecil Kellaway, Arnold Moss
Errol Flynn demostró estar todavía en plena forma en esta versión cinematográfica de la novela homónima de Rudyard Kipling, el hombre que desde una perspectiva occidental mejor retrató los aspectos más auténticos de la India más legendaria. El histórico rey del cine de aventuras, la inolvidable estrella de películas como "Robin de los bosques", protagoniza esta historia ambientada alrededor del año 1800, cuando los soldados británicos combatían la rebelión de los nativos de la India. En el reparto destaca un joven Dean Stockwell, un peculiar actor que con el transcurso de los años enfiló su carrera en los dominios del cine independiente y de culto. "Kim" es una película que condensa el mejor sabor del cine de aventuras clásico, un cine en el que el psicologismo quedaba aun lado y en el que predominaba la acción como motor del entretenimiento.
Aventuras sin límite basadas en la novela de idéntico título firmada por Rudyard Kipling. La acción transcurre en la India de finales del siglo XIX y pasa por ser la última de las grandes películas protagonizadas por Errol Flynn, aquí dirigido por el británico Victor Saville.
lunes 14 julio de 2008 a las 10:55
pablo garcía del pino
jueves 29 de noviembre de 2007
Kim de la India
Las aventuras colonialistas de Mr. Rudyard Kipling siempre dejaron en sus fervorosos lectores cierto sabor inofensivo, porque, él mismo, creo yo, no sabía cómo rematar los llamados "lazos afectivos" (que nunca existieron) entre ingleses e hindúes (y para muestra el botón más magistral: "Pasaje a la India"- que no era de Mr. K., sino de E.M.Forster, más identificado con la marcada oposición racista anglo-india- recogido, estudiado y llevado al súmmun de la perfección por el más específico, equilibrado e irrepetible de nuestros maestros del celuloide: David Lean, gigantesco y afortunado especialista en adecuar sensibilidades literarias a la gran pantalla) Y aunque yo creo que con este genio único, el género más espectacular y formalista del llamado tour de force colonialista inglés o americano -cinematográficamente hablando- se fue a la tumba -pese a que John Huston, otoñal y preciosista, nos legara también, años antes, "El hombre que pudo reinar", que también era de Mr. Kipling, aunque se sometía más a las necesidades episódicas, en cuanto a valentías se refiere, de sus galanes, obviando el tristísimo papel que todo conquistador ejerce sobre sus colonias-, este "Kim de la India" de Victor Saville nos resulta, visto hoy, y como es de cajón, más entrañable que veraz. Pero alguien dijo que la aventura supera a la mentira, o por lo menos la justifica. Las patrióticas hazañas historicidas (racismo y militarismo incluído), tenían, pues, todos los ases para deslumbrar nuestros ojos infantiles en la vistosa, falsa, casi legendaria, y, ¿por qué no?, casi mística (por ahí anda el lama tibetano a la búsqueda de su fabuloso "río de la flecha") irrealidad de un colonialismo, siempre nefasto, pero que contribuía a recargar de atmósfera de leyenda las necesidades de la imagen, provenientes o no de la literatura. "Kim de la India" fue un sendero de luz cargado de falsas pistas y extrañas obsesiones. Y para aquel público infantil que se agolpaba en los anfiteatros de nuestros entrañables cines de barrio convertía la jugarreta de lo irreal en lazos afectivos entre alumnos (¡nosotros!, que no sabíamos de la misa la media) y maestros avispados, capaces de convertir lo malo o lo más perverso (todo tipo de sojuzgamiento) de mundos avasallados como la India, en heredades repletas de ensueñsos inofensivos y envidiables. ¡Dichosa MGM! Visto así, a mí -que todavía me siento niño-, como a tantos otros, nos sobran razones para seguir emocionándonos cinematográficamente, (dejando atrás las crónicas científicas del tratamiento de la verdad, como hiciera Lean y también el gran Cuckor en "Cruce de Destinos") con este sencillo, equilibrado e inolvidable film. Cine en suma y carne de aventuras imposibles. Y tampoco podemos pasar del mito frente a él: yo, personalmente, aún sigo envidiando (como lo envidié en una de aquellas tardes cinematográficas de mis sábados irrecuperables) a Dean Stockwell boy, saltando por las atractivas azoteas de Lahore, poniéndonos los dientes así de largos en sus exóticas andanzas entre espías hindúes femeninas "made in Hollywood", "amigo de todo el mundo" y "go-between" del Mahbub Alí, el afgán de barba roja, encarnado por un Errol Flynn de fábula; aún sigo estremeciéndome con el insólito Lama creado por Paul Lukas, iluminado soñador del mito budista, siempre a la búsqueda desesperada del sentido de la vida y de la muerte, capaz de domeñar cobras ante la mirada asombrada y devota de Kim; por las magias intrigantes y con su puntito de terror de Lurgan Sahib, el vitriólico y ojisaltón Arnold Moss; con los complots y espionajes de un Imperio Inglés que se negaba a admitir que su caudillaje se tambaleaba, y con la bien integrada maldad, que parecía arrancada de "Las mil y una noches", aunque en plan narración John Silver El Largo de "La isla del tesoro", del Emissary, impagable gordinflas que fue Thomás Gómez. ¡Cuánta ciencia ficción, que escasa denuncia al uso y abuso del colonialismo inglés, pero que toque y retoque costumbrista, casi humanista, de este inenarrable "Kim de la India" que nos hacía lanzar gritos como el de los hermanos Marx: "¡más madera!... "¡Más, queríamos más en aquellas no menos exóticas tardes de cine!... Pues, sí, "Kim" es un clásico, malgré tout, curioso, lujoso, y hasta morboso. ¡Qué tiempos aquellos...! Y es que los chicos de hoy ya no son los mismos. http://kentauro.blogspot.com/
Silvestre Lanza
Pues sí, Pablo, como tú dices, Flynn todavía estaba en forma para desempeñarse muy dignamente en el papel de Mahbub Alí y Stockell le hace muy bien la contraparte como una versión en niño de Mahbub anterior, pero la portentosa novela de Rudyard Kipling, de un poderoso aliento épico ha sido encajonada en una versión digest, estática, de un exotismo demasiado convencional.
El mediocre Saville hacia cine como si hiciera teatrillo de feria.
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