Edward, mi hijo

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Un despiadado hombre de negocios está dispuesto a destruir a todo aquel que se interponga en el camino de su hijo mimado y corrupto. Un drama intenso

Edward, mi hijo

Título original

Edward, my Son

USA - 1949 - 109 min.
VO,VE - .
Calificación: 13

Próximas emisiones:

En TCM Clásico

miércoles 25 junio de 2008 a las 12:15

Últimas críticas:

Cinepastor

Curiosamente el actor que teóricamente interpreta a Edward no aparece nunca, sin embargo, su "presencia" es costante a lo largo de toda la película. Podría decirse que se trata de una "presencia ausente", algo así como la presencia fantasmal de "Rebeca" (Alfred Hitchcock, 1940).

pablo.garcia.del.pino

EDWARD MI HIJO: Una magnífica obra de teatro de los ingleses Robert Morley y Noel Langley que se convierte en manos del gran George Cuckor en un film casi impensable. Cuando el cine se entromete en el teatro, ya se sabe, el celuloide puede acabar fagocitado por el exceso de diálogos, y ciertos melodramas descarnados (que en las tablas pueden ser muy resultones y ofrecer interpretaciones memorables que caen en el olvido, precisamente por no pasar a formar parte de esa perennidad que ofrece la pantalla), pueden acabar bordeando el ridículo. A Cukor le gustaban los paralelismos, los conflictos a que dan lugar las competencias más primarias de lo seres humanos (domésticas, amorosas). Y en cuanto a repartos era un hacha. Spencer Tracy y Deborah Kerr forman una mezcla explosiva. Este hijo Edward, elíptico, deja huelllas borrascosas en las vivencias matrimoniales, y acabará por destruirlos. Un padre, cínico y ambicioso, que reclama amor filial a través de un exceso de mimos. Y una madre consciente de tales errores educativos que pone en tela de juicio cada acto equívoco del prepotente cónyuge. Desbancada por el egocéntrico y prócer marido, y por el amor a Edward, se sume en la depresión y en el alcoholismo. Cukor domina la obra, y elabora convenientemente cada acto de la misma. Y triunfa, como siempre, porque todo lo que de él proviene es excelente. Tracy imprescindible. Y Deborah Kerr "demasié". Hela ahí, magistral, ganando al fin la batalla, y lanzándose a tumba abierta en la escena final de la borrachera, cargada de espalda, envejecida y olímpica cuando le canta las cuarenta al ególatra Tracy. No nos cogió de sorpresa que la academia le negara el Oscar. Quizás el personaje atormentado de la Kerr les supo a poco. Y el jurado debió de considerar que únicamente era "puro teatro". ¡Ni caso para los componentes de la Academia! Espléndida Kerr, espléndido Cukor. Teatro, sí, pero tocado de la mano de George, cine real como la life misma. ¡Recuperadla, os alegraréis! http://kentauro.blogspot.com/

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