En un estallido de madurez y serenidad creativa, Bergman propone su visión del mundo a través del avatar de una familia sueca a inicios del siglo XX.
Título original
Fanny & Alexander
SUECIA - 1982 - 188 min.
VO, VE - .
Calificación: 13
Drama
Director: Ingmar Bergman
Intérpretes: Pernilla Allwin, Bertil Guve, Jarl Kulle
Ingmar Bergman nunca lo ha tenido fácil entre nosotros. Los espectadores de casi todo el mundo hemos crecido alimentándonos del lenguaje del cine americano, de los mensajes frenéticos, de ritmos trepidantes, de lo inmediato que desde hace decenios nos cuenta y nos muestra la televisión.
La irrupción de otras narrativas, de otras miradas, provoca el desconcierto, crea receptores desubicados que se cuestionan aquello que reciben, Al sueco Ingmar Bergman, desde sus primeros trabajos, se le cuelga ese sambenito: el de ser un director opaco, con una obra llena de simbolismos de difícil acceso, impenetrables, inaccesibles.
Y es en ese contexto, después de haber firmado títulos supuestamente espesos como “El séptimo sello” y “Fresas salvajes”, cuando el cine internacional recibe la nueva visita del maestro sueco, esta vez empeñado en contarnos su punto de vista sobre lo suyo, lo que tiene más cerca, sobre su país y sus obsesiones.
Con “Fanny y Alexander” nos llegó la respuesta, un fresco testimonio de la sociedad sueca de principios del siglo XX, de tiempos de cambio y turbulencias que el maestro refleja con trazo fino, sin prisas y con minuciosidad, deteniéndose en el detalle formal y moral.
“Fanny y Alexander” es la historia del avatar de una saga familiar, de todas las familias, interrumpido por la Muerte. Es algo que permite a Bergman involucrarse en la resolución de problemas y conflictos morales, de intervenir la realidad desde su mirada, un punto de vista pulcro y a veces ingenuo que persigue la emoción y descarta el efectismo.
En “Fanny y Alexander” Bergman abandona las grandes verdades y mira hacia lo cotidiano, rebusca en sus demonios y teje historias de todos los días sin saber que cautiva a quienes lo despreciaron por lo denso de su discurso, lo tenso de sus planteamientos y lo fronterizo de sus propuestas: en un polo está el cine de consumo de todos los días y en otro las películas de consumo nada compulsivo. El reto de Ingmar Bergman es el de resolver la contradicción entre la poesía y la prosa.
Bergman, que fue poesía, busca su sitio en la prosa. Y también en ella se revela como maestro.
martes 20 febrero de 2007 a las 22:05
Cinepastor
Marcel Proust se sentiría muy orgulloso de la ambientación de esta gran película.
josema
Hoy estoy feliz, radiante, porque he visto tres obras maestras en un sólo día: "Milagro en Milán", "Amarcord" y esta soberbia película de Bergman, una lección de dramaturgia, actuaciones, escenografía, narración cinematográfica. La he visto por enésima vez y siempre parece que la primera. Grandiosa, sin más.
Begoña
Otra de esas películas que me alucinan. Aunque siempre me da la impresión de que puede que no haya comprendido por completo lo que el autor trata de expresar. Película costumbrista pero profunda y bella.
Mi obra preferida de Bergman.
Andrés Marceño
El magno film de Bergman, historia de su familia (y un poco de todas las familias), homenaje al teatro como profesión y como arte, elogio de la promiscuidad, crónica de las relaciones entre los vivos y los muertos y del encuentro de Dios como títere enorme y aterrador, contado todo como en una novela-folletín dickensiana.
Oduque
Considero que es una gran obra maestra y que su mezcla de la realidad con la ficcion es muy poetica. Tambien pienso que hay que repetirla varias veces para entender su simbologia y disfrutar sus dialogos.
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