Annie Leibovitz y el póster de ‘El club de los cinco’

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el club de los cinco

 

Todos aquellos que hayan visto El club de los cinco, uno de los films más icónicos de la década de los 80, sabrán que la película de John Hugues va mucho más allá del retrato más bien simplista de la adolescencia que predomina en buena parte de los títulos del género. Hugues plasmó en su segundo largometraje muchos de los recuerdos de su etapa de instituto y, apoyándose en un casting con mucha química, y rodando en orden cronológico y en un escenario casi único (como si de una obra teatral se tratara), logró desmontar muchos de los clichés del cine sobre jóvenes y hacernos reflexionar, precisamente, sobre los estereotipos y las etiquetas que a veces aplicamos demasiado a la ligera (sobre todo cuando nos vamos haciendo mayores).

Los ejecutivos de Universal, sin embargo, no compartían el entusiasmo de Hugues con ese enfoque, y cuando vieron una primera versión del film fueron incapaces de disimular su decepción. “¿Quién va a querer ver una película sobre terapia para chicos?”, bramaban los ejecutivos Frank Price y Marvin Antonowsky, recién aterrizado en el estudio. Y acto seguido encargaron un trailer que tenía un objetivo primordial: disimular la verdadera naturaleza de El club de los cinco y venderla al gran público como si fuese una nueva entrega de Porky’s. Huelga decir que cuando Hugues y su equipo vieron el trailer montaron en cólera (la leyenda cuenta que el productor Ned Tanen, firmemente comprometido con la visión artística de Hugues, intentó lanzar una mesa a los ejecutivos), sin embargo finalmente lograron que su visión fuera respetada, y lo único que quedó del trailer montado por Universal fueron unos segundos de música de Chuck Berry.

 

 

Escarmentados por la experiencia, Hugues, Tanen y compañía se dieron cuenta de que debían vigilar de cerca la estrategia de marketing del film, y por ese motivo prestaron especial atención al diseño del otro elemento clave en la venta de una película: el póster. Pero esta vez no hubo ningún problema. En gran medida porque la persona encargada del trabajo acabó siendo una de las fotógrafas más reputadas de la historia, Annie Leibovitz, que en aquellos años estaba a punto de dar el salto definitivo al estrellato.

 

Poster

 

Como se cuenta en el libro de Susannah Gora You Couldn’t Ignore Me If You Tried: The Brat Pack, John Hugues and Their Impact on a Generation, hacia el final del rodaje Leibovitz se personó en el instituto del noroeste de Chicago en que tenía lugar la filmación y, directamente en uno de los pasillos, le pidió al quinteto de protagonistas que se colocasen junto a un fondo de color lavanda formando “una bella geometría de brazos, manos, caras, caderas y hombros”. ¿Su propósito? Mostrar claramente la individualidad de cada personaje pero incidiendo al mismo tiempo en la fortaleza del grupo. “Fue un poco raro. No podíamos parar de reír porque, en realidad, estábamos sentados unos encima de otros”, recuerda el actor Anthony Michael Hall. “Annie no dejaba de decir: “¡Más juntos! ¡Más juntos!”, añade la actriz Ally Sheedy. “Nos moríamos de ganas de separarnos porque era muy incómodo estar comprimido con toda esa gente contra un muro”.

La imagen no sólo acabó captando de forma fiel la esencia de la historia (“el corazón de la película brilla en ese póster”, decía uno de los productores), sino que terminó pasando a la posteridad como un símbolo generacional (al igual que el film) y hasta la fecha ha sido objeto de diferentes parodias y homenajes (adjuntamos algunos).

 

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El club de los cinco. Viernes 30 de noviembre a las 12:40 en TCM

Diego Soto


Escrito por Miércoles 21 noviembre 2018

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