‘Gato negro, gato blanco’: la alegría de vivir según Kusturica

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Si hubo un director que durante los años 80 y 90 mereció el título de gran acaparador de premios festivaleros, ese fue Emir Kusturica: dos Palmas de Oro en Cannes, Oso de Plata en Berlín, León de Oro en Venecia…

En 1995 sin embargo, después de ganar en Cannes con el film Underground, el cineasta, nacido en Sarajevo, vivió una de sus peores etapas. Yugoslavia se desangraba en una cruel guerra civil, y desde distintos sectores acusaron al director de apoyar a los serbios en el conflicto.

Kusturica recibió numerosos ataques, e incluso amenazas de muerte, hasta el punto de tener que ir acompañado de guardaespaldas a todas partes. Su desilusión fue tal que anunció que dejaba el cine.

En los corrillos artísticos la noticia cayó como un mazazo. Sin embargo, este retiro voluntario no duró mucho tiempo. Kusturica regresó al trabajo con una nueva película (Gato negro, gato blanco) en la que iba a reunir todos los elementos característicos de su obra: el mundo de los gitanos; personajes estrafalarios; referencias a la disgregación política y social de su país; un ritmo frenético, casi caótico y, por supuesto, mucha música.


Escrito por Martes 6 noviembre 2018

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