‘El resplandor’: el perfeccionismo de Kubrick al servicio del terror

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Nicholson

 

A finales de los 70 Jack Nicholson atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera. Había ganado el Oscar por Alguien voló sobre el nido del cuco, y era el actor de moda en Hollywood. En lo personal, sin embargo, Nicholson vivía un drama interno. Acababa de descubrir que su supuesta hermana era en realidad su madre, y que aquella a la que él llamaba ‘mamá’ era en realidad su abuela. El actor se marchó a vivir un año a Londres, y se dedicó a ahogar sus penas en alcohol. Nicholson se hizo un imprescindible de la noche londinense, e incluso se cuenta que mantuvo un romance con Margaret Trudeau, la esposa del entonces primer ministro de Canadá.

El culpable de que Nicholson acabara en la capital británica era Stanley Kubrick. El director había comprado los derechos de El resplandor, la novela homónima de Stephen King, porque se sentía identificado con el protagonista, que como él vivía aislado y encerrado en casa con su familia, obsesionándose con su trabajo hasta límites insospechados.

Kubrick tenía claro desde el primer momento que quería a Jack Nicholson como protagonista. “Le pregunté sobre El resplandor y me dijo: ‘En realidad es un film optimista'”, recuerda el actor. “‘¿Por qué dices eso?’, le insistí. Y él contestó como hombre existencial y pragmático que era: ‘En cierto modo es sobre fantasmas. Toda historia que hable de vida después de la muerte es optimista'”.

 

Rodaje

 

El título de la novela hacía referencia a los poderes telepáticos que tiene el hijo de Nicholson en la película. Aunque Stephen King tenía derecho por contrato a escribir el primer borrador del guión, a Kubrick no le gustó nada, y lo modificó a su antojo. Eliminó todas las apariciones de animales gigantescos que hay en la novela y se centró en la relación familiar de los protagonistas. Para Kubrick, El resplandor era la historia de una familia que enloquece junta.

El protagonista es un escritor al que contratan para que cuide, junto a su mujer y su hijo, un inmenso hotel de montaña vacío durante el invierno. Pero el hotel es un lugar extraño, que esconde secretos del pasado que nadie quiere recordar. Poco a poco, la sensación de aislamiento va haciendo mella en el estado mental del protagonista, y es entonces cuando aparecen los fantasmas del pasado que desencadenarán la tragedia.

 

Familia

 

Kubrick rodó la película con su perfeccionismo habitual. La que peor lo pasó fue Shelley Duvall, que daba vida a la mujer de Nicholson. La presión que vivió era tal que empezó, incluso, a perder el pelo. “Fue un rodaje muy largo”, contaba la actriz. “Debía llorar, desmayarme, cargar al niño en brazos y correr. Correr casi todo el tiempo. Y eso durante algo más de un año. Ensayábamos entre 30 y 50 veces con vídeo antes de filmar, pero no cambiaría la experiencia por nada, porque creo que un trabajo tan intenso le hace a uno más inteligente”.

Para su estreno en España, Kubrick encargó el doblaje al director Carlos Saura. Verónica Forqué y Joaquín Hinojosa pusieron voz a los dos protagonistas, y el escritor Vicente Molina Foix fue contratado por Kubrick para traducir al español los diálogos. “Hubo días en que, trabajando ya aquí en Madrid con el guión, recibía seis o siete llamadas diarias de Kubrick, algunas de ellas de una hora, para precisar detalles ‘minimísimos'”, recordaba Molina Foix.

La película está llena de escenas aterradoras: el encuentro de Nicholson con el fantasma del camarero, la vieja de la habitación 237, ese río de sangre que surge del ascensor… También es especialmente recordada esa secuencia en la que el hijo del protagonista pedalea con su triciclo por los interminables pasillos del hotel. De repente, al girar una esquina, aparecen dos niñas gemelas vestidas de azul y cogidas de la mano. Una imagen inocente que, sin embargo, resulta terrorífica.

 

 

Como explica Martin Scorsese, esta y otras escenas nos van preparando para la explosión final: “Sabes que algo se está fraguando en ese lugar, y la forma tan inocente de los personajes de enfrentarse a lo que ocurre, su tranquilidad, va demorando ese fuerte golpe emocional que sabes que vendrá, aunque no cómo, ni cuándo, y eso crea un gran suspense”.

Jack Nicholson se inspiró en el asesino Charles Manson para componer la parte final de su personaje, cuando el protagonista enloquece por completo y, hacha en mano, intenta derribar la puerta del baño, donde se encuentran su mujer y su hijo. El niño logra salir por la ventana, pero la madre no. Desde un rincón, grita horrorizada, y cuando la puerta está prácticamente destrozada, Nicholson asoma su cara y grita una frase que ya se ha hecho célebre: “Here’s Johnny” (“Aquí está Jack” en la versión española). La frase se le ocurrió al propio Jack Nicholson en el último momento, y hacía referencia al famoso show televisivo de Johnny Carson.

 

 

Stanley Kubrick consiguió con El resplandor dignificar el género de terror. La maestría con que utiliza el lenguaje cinematográfico, sus sorprendentes travellings, su puesta en escena geométrica, ese tono deliberadamente frío y artificial… “Me dijo una cosa que nunca olvidaré”, contaba Nicholson. “En el cine no se intenta fotografiar la realidad, sino fotografiar la fotografía de la realidad. Siempre pensé que El resplandor era como un ballet”.

El resplandor. Lunes 26 de noviembre a las 13:50 en TCM

Antonio Martínez / Elio Castro


Escrito por Jueves 25 octubre 2018

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