Infiltrados en el encuentro de Martin Scorsese con jóvenes cineastas en Oviedo

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Scorsese

 

“Con Martin Scorsese no importan las preguntas. Importan las respuestas”. Así despidió Rodrigo Cortés, moderador del evento, el encuentro que la Fundación Princesa de Asturias organizó en Oviedo este jueves entre un grupo de jóvenes cineastas y el director de Taxi Driver. Una cita a la que una parte del equipo TCM tuvo la enorme suerte de asistir y en la que, efectivamente, no importó mucho lo que el público o el propio Cortés preguntaran. Como suele acostumbrar, el autor neoyorquino, fiel a su proverbial incontinencia verbal, desarrolló su propio guión en cada una de sus intervenciones (larguísimas, anárquicas, desestructuradas) y, sin embargo, como siempre, acabó dando toda una lección de cine y, lo que es más importante aún, de pasión y entusiasmo por el mismo.

La charla se celebró en la llamada Fábrica Scorsese, un fabuloso espacio creado para la ocasión en la capital asturiana (en la antigua Fábrica de Armas de La Vega) y que a nosotros, de algún modo, nos recordó a ese recinto también mágico que recreó el director en su película La invención de Hugo: el estudio de Georges Méliès. Un lugar al que peregrinaron varios jóvenes cinéfilos de distintos puntos del país y al que también asistió (rodeada de unas excepcionales medidas de seguridad que en un primer momento pillaron de sorpresa a los asistentes) la reina Letizia, que una vez más hacía gala de su afición por el séptimo arte (ya contamos en su día que, hace un tiempo, se presentó por sorpresa en una proyección de TCM de Too Much Johnson, el film perdido de Orson Welles).

 

Letizia

Foto La Voz de Asturias

 

El rey del acto, en cualquier caso, era Martin Scorsese, y ante él nos inclinamos sus rendidos súbditos durante algo más de una hora (el tiempo pactado de forma muy escrupulosa con la organización). Durante esos minutos, Marty volvió a recordarnos su infancia como enfermizo niño asmático al que no le quedó otro remedio que arrojarse en los brazos del cine; su juventud como insaciable devorador de películas (“John Ford fue el primer nombre que aprendí a reconocer en los films que me gustaban”) y el entusiasmo que sintió al descubrir algunos de los títulos que más le han influido (“el impacto al ver La ley del silencio fue muy fuerte”).

 

Foto ABC.

Foto ABC.

 

Dado que la mayoría de los presentes eran, o bien estudiantes del ramo, o bien profesionales de la industria, las cuestiones de tipo técnico tuvieron gran peso a lo largo de la conversación. Por ejemplo, se habló mucho de montaje, una disciplina en la que, al lado de Thelma Schoonmaker, Marty ha sentado cátedra en muchas de sus películas (“lo más importante para mí es que puedo confiar en Thelma”, subrayaba el cineasta). También, claro, se habló de la música, y del sonido, y del relativo desprecio que Scorsese siente por sistemas modernos que no acaba de entender, como el Atmos. Y por supuesto, se reflexionó sobre los nuevos hábitos de consumo del cine, un tema candente que a Scorsese le toca muy de cerca, ya que su próximo film (The Irishman) es una producción de Netflix. “El problema es que, ahora mismo, los estudios sólo financian o grandes proyectos, o proyectos muy pequeños. No hay espacio para películas de clase media como la mía”, se quejó, y aprovechó para agradecer no sólo el respaldo económico, sino la libertad creativa que le está brindando Netflix. “Ahora mucha gente pide la comida de su restaurante favorito desde el móvil, pero siempre habrá gente que prefiera seguir yendo al restaurante”, añadió no obstante el director. “Algo parecido pasa con el cine. Siempre habrá gente que quiera ir a la sala y compartir esa experiencia, como lo estamos haciendo ahora mismo todos los aquí presentes”.

Efectivamente, fue toda una experiencia que queremos agradecer de corazón a la Fundación Princesa de Asturias. Y, por supuesto, a Scorsese. Gracias por tanto, maestro. Nos seguimos viendo en TCM.

Diego Soto


Escrito por Viernes 19 octubre 2018

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