‘Sólo Dios perdona’: una historia de violencia

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“Aparentemente he hecho un film que la gente o bien odia, o bien ama”, contaba Nicolas Winding Refn a Indiewire después de que Sólo Dios perdona fuera abucheada por parte del público del festival de Cannes. “Eso significa que he accedido a la parte más profunda de su alma y he sembrado algo. Algo que va a permanecer con ellos durante mucho tiempo. Es todo lo que puede desear un director”.

A lo largo de su carrera el controvertido cineasta danés, un autor obsesionado por temas siempre polémicos como el sexo y la violencia, ha logrado polarizar la opinión del respetable en más de una ocasión. La última, sin ir más lejos, hace un par de años con el estreno de Neon Demon, una película que combinaba dos elementos troncales de su cine: la belleza más estilizada (personificada en este caso en las top models protagonistas de la historia) y la crueldad más abyecta (nada menos que el canibalismo).

 

Scott Thomas

 

Con Sólo Dios perdona, el film que emitimos en TCM este lunes, se produjo una similar división de opiniones. Aunque en esta ocasión era menos esperada. Winding Refn venía de arrasar con Drive, un película que le convirtió tanto a él como a su estrella principal (Ryan Gosling) en emblema del cine más ‘cool’, y muchos no entendieron un supuesto cambio de registro que, si hubieran visto otros títulos del director como por ejemplo Valhalla Rising, no les habría resultado quizás tan desconcertante.

Y es que, como en la mayor parte de su filmografía, en Sólo Dios perdona Winding Refn da prioridad a la imagen (cuidadosamente pulida) sobre el texto (Ryan Gosling apenas tiene aquí 17 líneas de díálogo). A lo que vemos (siempre teñido por el rojo intenso de la sangre) sobre lo que escuchamos. Lo que no quiere decir, como muchos detractores sugieren, que el guión esté cogido con alfileres. O que la película sea un artificio vacío, estrangulado por su brillantez visual.  Una vez más, lo que el director escandinavo hace es optar por sugerir en lugar de por contar de forma explícita, y reduciendo al mínimo la verbalización del conflicto, nos plantea una historia de venganzas y de crímenes en la que se le propone al espectador que sea él mismo quien una los puntos. “Contar una historia no tiene que ver con lo que explicamos. Tiene que ver, sobre todo, con lo que no decimos”, se defiende Winding Refn echando mano de una de las máximas del escritor cinematográfico.

 

Policía

 

Así, sin detenerse demasiado en la explicación pormenorizada de los detalles, sin ni siquiera esclarecer de forma inequívoca algunos elementos centrales del argumento, Winding Refn ofrece, a través de la historia de una familia de gangsters desplazada a Bangkok, una estimulante reflexión sobre el ciclo imparable de la violencia y sobre el crimen como una maldición de la que no se puede escapar. Un relato crudo y pesimista que, bajo la sofisticada luz de los neones, deja entrever cuestiones tan oscuras como la pedofilia, el parricidio o el incesto.

Mención aparte, para terminar, merece el antagonista de Gosling en el film. Un misterioso policía tailandés interpretado por Vitaya Pansringarm que, armado con una katana, se encarga de administrar justicia en su territorio. Un enigmático asesino que, en cierto modo, nos recuerda al personaje principal de Drive. “¿Sabes quién es él?”, pregunta alguien en un momento de la película. Y el silencio que obtenemos por respuesta (prueba concluyente de esa querencia de Winding Refn por lo no explicado) nos hace temerle aún más. Ya sabemos que sólo Dios perdona, pero este hombre podría ser el mismísimo diablo.

Sólo Dios perdona. Lunes 22 de octubre a las 20:30 en TCM

Diego Soto


Escrito por Miércoles 12 septiembre 2018

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