‘Comanchería’: señores de la nada

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Comanchería

 

Hubo un tiempo en que los comanches, como se recuerda en el film que nos ocupa, eran “los señores de las llanuras”. Los dueños de las tierras, de los pastos, de la caza… Los dueños de todo. Sin embargo, cuando el hombre blanco llegó a su territorio, les desposeyó de todas sus pertenencias y les convirtió en “señores de la nada”. Los nativos, no obstante, vendieron muy cara su derrota. No porque pensaran que tenían alguna opción (que no la tenían), sino porque la rebelión, la insumisión ante el invasor, estaba en su ADN. Y es que el significado de la palabra comanche no deja lugar a dudas sobre su naturaleza: “enemigos para siempre”.

Comanchería avanza 150 años en el tiempo para hablarnos de otro expolio: el perpetrado por el poder económico (principalmente la banca) a costa de los bienes de los más desfavorecidos. Un combate de nuevo tremendamente desigual en el que la parte más débil, como los comanches, no tiene ninguna alternativa. Sin embargo, como en su día hicieron los indios americanos, los protagonistas de esta historia se resisten a rendirse sin pelear. A ver cómo les arrebatan las tierras que, a su vez (todo hay que decirlo), sus ancestros habían arrebatado a sus moradores originales. 

 

Chris Pine

 

En el film que emitimos en TCM este martes, Chris Pine y Ben Foster interpretan a dos hermanos del Medio Oeste americano que, ante la situación de asfixia económica, optan por la sublevación. Dos hombres acorralados por la pobreza que deciden convertirse en una suerte de modernos ‘robin hoods’ y atracar pistola en mano todas las sucursales bancarias de la deprimida zona en la que residen (el título Comanchería hace alusión a la región, repartida entre Texas, Oklahoma, Nuevo México…, que habitaban tradicionalmente los comanches).

Taylor Sheridan, uno de los guionistas más reputados de la actualidad, escribió Comanchería (estrenada como Hell or High Water en Estados Unidos) en poco más de tres semanas. Era sólo su segundo guión tras Sicario (otra joya), pero Sheridan sabía de lo que hablaba. Se había críado en Texas, en una zona en la que, como se explica en la película, la miseria se extiende “como una enfermedad infecciosa”. Y quería que aquel guión plasmara el drama de toda una generación atrapada en la precariedad.

El guión de Comanchería fue seleccionado en la Black List de 2012 (la lista que recopila los mejores guiones no producidos de Hollywood) y, a pesar de su temática profundamente americana, acabó siendo dirigido por un escocés: David Mackenzie, un cineasta que (al igual que sucedía, por ejemplo, con el irlandés Martin McDonagh en Tres anuncios en las afueras) supo captar perfectamente el tono de la historia y, paradójicamente, aportar un plus de verosimilitud desde su mirada de forastero.

 

Bridges

 

El resultado es una película soberbia, tremendamente poderosa en su austeridad y en su mesura, que, en esta ocasión sí, merece la etiqueta que de forma gratuita se cuelga hoy en día a numerosas película: la del ‘western moderno’. No sólo porque en Comanchería haya, efectivamente, vaqueros, sheriffs, pieles rojas, partidas de póker, tiroteos…, sino porque, en la mejor tradición del gran western crepuscular, propone una reflexión tan amarga como auténtica sobre el final del Salvaje Oeste. Y es que en Comanchería ya es tarde para todos. Para los cowboys, que de forma románticamente anacrónica siguen pastoreando ganado sobre el asfalto de la carretera; para los indios, abismados en la contemplación de lo que un día fue suyo y ya no lo es, y para un gran personaje cuya mención nos hemos guardado para el final: ese ranger interpretado por Jeff Bridges que se enfrenta a su último caso antes de la jubilación. Como los años de trabajo de Bridges, el Far West tal y como lo conocíamos está llegando a su fin. Y para muchos, lo que un día fue un vergel por el que combatieron nativos y colonos, ahora ya no es nada.

Comanchería. Sábado 10 de noviembre a las 22:00 en TCM

Diego Soto


Escrito por Viernes 7 septiembre 2018

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