Sorteamos entradas para ver ‘La forma del agua’ en ‘Cibeles de Cine’

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La forma del agua

 

Aseguraba Jean-Pierre Jeunet que Guillermo del Toro había plagiado una escena de su filmografía en La forma del agua, la película que proyecta Cibeles de Cine este jueves 2 de agosto.Una secuencia en la que Richard Jenkins y Sally Hawkins bailan sentados sobre un sofá, igual que lo hacían (en ese caso sobre una cama) Dominique Pinon y  Karin Viard en Delicatessen. Sin atreverse a determinar si la secuencia en cuestión es una copia o sólo un homenaje, lo cierto es que, cuando uno se sienta a ver los primeros minutos de la película de del Toro, le resulta imposible sustraerse a la acusación de Jeunet. Y es que todo lo que aparece en pantalla (la abigarrada decoración de las localizaciones, los colores, la presentación de los protagonistas y sus rutinas, su propia caracterización física) parece sacado del universo del creador de Amelie o La ciudad de los niños perdidos. Y todo, además, acompañado de la música de acordeón del también galo Alexandre Desplat.

Polémicas aparte, lo que parece evidente es que lo que Guillermo del Toro intentaba con ese inicio (que se va alejando de sus referencias a medida que avanza el metraje) es desconectar cuanto antes al espectador de la realidad. Dejarle claro que estamos dentro de una fábula y que el Baltimore que aparece en pantalla es sólo un lugar imaginario que nada tiene que ver con esa ciudad que conocimos a través de David Simon y The Wire. Un escenario de fantasía en el que todo es posible. Y es ahí, sin duda, donde reside el quid de la cuestión. La clave para empatizar con una película para la que, atentos, sorteamos entradas desde nuestra cuenta de Twitter. Los espectadores que no sean capaces de olvidarse de los mecanismos y la lógica que rigen nuestra más pedestre realidad, difícilmente encontraran creíble lo que están viendo. Aquellos que sin embargo acepten la propuesta de del Toro, se sumergirán en la historia como una pescadilla en el fondo del océano.

 

 

La sinopsis, para empezar, exige ya una gran capacidad ensoñadora. Y no sólo porque estemos dentro del género fantástico, sino por la manera en que se desarrollan algunos de los acontecimientos, únicamente justificables si, como hemos dicho, se interpreta la historia desde una óptica puramente metafórica. En plena Guerra Fría, el gobierno norteamericano captura a un increíble hombre anfibio (Doug Jones) y lo encierra en un complejo de alta seguridad. Allí, una mujer de la limpieza muda (Sally Hawkins, que, extrañamente, tiene acceso directo a la criatura) establece una poderosa conexión con ella y se convertirá en su principal aliada para intentar liberarle de la brutalidad de sus captores, especialmente del villano de la función, interpretado por un malvado Michael Shannon.

Guillermo del Toro recurre así al mito de la bella y la bestia para contarnos un cuento que, en la línea del cine de Tim Burton o David Lynch, pretende sobre todo hacer hincapié en el respeto al diferente. En la crueldad del supuestamente normal hacia el otro. Un mensaje que el mexicano del Toro encuentra especialmente pertinente en la era Trump y que apuntala integrando en el reparto a personajes acostumbrados a la marginación, como la mujer de color encarnada por la siempre estupenda Octavia Spencer, o el homosexual maduro al que da vida el no menos genial Richard Jenkins. Personajes, como la protagonista, sin ninguna voz a principios de los 60.

 

Octavia Spencer

 

El homenaje al cine (la heroína del film vive encima de uno) y en concreto al musical como vía de escape para una existencia miserable es otro de los elementos troncales de una película que incluye guiños a Shirley Temple o a Carmen Miranda, y que, como confiesa el propio del Toro, basa todo el acting de su protagonista en leyendas del cine silente como Buster Keaton o Stan Laurel.

En definitiva, un cuento de hadas al revés en el que es la rana quien debe besar a la princesa para transportarla a su reino (y algo más que besar, porque la historia tiene una importante carga sexual) y que, con cuatro estatuillas, tiñó de verde la última ceremonia de los Oscar. Verde, para ser más exactos, marino.

La forma del agua. Jueves 2 de agosto a las 22:00 en Cibeles de Cine (Galería de Cristal de CentroCentro, Palacio de Cibeles, Madrid)

Diego Soto


Escrito por Martes 31 julio 2018

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