Entrevista con Pedro González Bermúdez, director de los documentales TCM

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Pedro

 

Luis Buñuel, David Lean, Bette Davis… En la última década, y a través de nuestro departamento de producción propia, hemos intentado conocer mejor la figura de algunas de las más grandes leyendas del cine internacional y nacional. Ilustres estrellas a las que hemos retratado en títulos como Regreso a Viridiana, Nostromo o El último adiós de Bette Davis y cuyo fulgor, probablemente, haya eclipsado al autor de todos esos films, un director discreto, poco dado a las ínfulas artísticas y a acaparar ningún tipo de atención, que acaba de acercarse a la figura de Stanley Kubrick en su última obra: 2001 destellos en la oscuridad. Una suerte de inusual artesano que, al estilo de lo que sucedía en la época de los estudios, trabaja casi exclusivamente para TCM, y cuya más que notable filmografía (premiada con un Goya y con una nominación) merece ser reivindicada. Su nombre es Pedro González Bermúdez, y hace documentales.

Por enlazar con la entradilla, ¿tienes la sensación de que la grandeza de los personajes que has retratado puede haber eclipsado la parte autoral que tú has aportado en cada uno de tus documentales? ¿Es ingrato “crear” sobre creadores?

Tendría esa sensación si mi objetivo a la hora de hacer documentales fuera alimentar mi ego como creador, pero mi objetivo es otro. En primer lugar, me interesa el viaje que implica todo el proceso creativo y el crecimiento personal que eso supone. Más aún que el resultado final. Y en segundo lugar pienso que, ante todo, está la obligación de crear algo narrativamente interesante para el público. Además, sería totalmente absurdo intentar ponerse por encima de autores como David Lean o Stanley Kubrick. Yo no soy un artista.

Aún así hay documentalistas que lo intentan, ¿no? Que dan prioridad a su enfoque.

Sí, ya lo sé. Y en muchos casos la crítica valora mucho esa capacidad de creación por encima de la figura que se está retratando. Desde mi punto de vista, eso no tiene sentido, y tiene mucho que ver con el ego. Desde luego en TCM tenemos muy en cuenta a nuestros espectadores, que es un público con unas características muy claras, muy cinéfilo y muy pegado a la ortodoxia del personaje retratado. Por eso, si hacemos un documental sobre David Lean ponemos mucho cuidado en ofrecerle un documental sobre David Lean, no un documental de Pedro González Bermúdez. Ahora no sabría darte ningún nombre concreto, pero hay directores que, por ejemplo, a la hora de montar utilizan un estilo totalmente opuesto al del protagonista de su película. Hacen un documental sobre, pongamos, Angelopulos o cualquier otro director amante del plano fijo, y luego lo montan con un ritmo frenético. Creo que para adornar tu mensaje no puedes ‘cargarte’ el mensaje de aquel cuya historia estás contando.

 

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De todas esas historias de las que hablas, ¿hay alguna de las que forman tu filmografía que te haya marcado especialmente? ¿Algún personaje (Bette Davis, José Sacristán, Buñuel…) que te haya conmovido particularmente?

Soy muy poco mitómano, algo que creo que es clave para ser objetivo. Lo que sí me impacta de todos ellos es que son personas que persiguen un sueño. Es algo que he aprendido a lo largo de estos años: todo creador que hace cosas interesantes tiene esa capacidad de dejarse la vida en un proyecto.

Algo más se te habrá pegado de tanto talento, ¿no? Es evidente que se nota una gran progresión a todos los niveles desde tus primeros trabajos (Arrebatados. Recordando a Iván Zulueta, Cruz Delgado, un quijote de la animación española…) hasta tus últimos documentales: Nostromo: el sueño imposible de David Lean y 2001 destellos en la oscuridad.

Está claro que a través de los distintos proyectos vas aprendiendo, pero también es muy importante el respeto que vas ganando para que te dejen hacer cosas cada vez más diferentes. 2001 destellos en la oscuridad, por ejemplo, es el documental en el que más libertad creativa he tenido.

 

 

Aunque antes decías que tienes muy en cuenta al público de TCM, se percibe en toda tu obra una necesidad de trascender lo puramente cinematográfico para dar también un enfoque de tipo humano o filosófico. En El último adiós de Bette Davis, por ejemplo, reflexionas sobre cómo se crean los mitos. En Nostromo hablas de los sueños que se persiguen, y en 2001 destellos en la oscuridad acabas proponiendo nada menos que una reflexión sobre el sentido de la vida.

Efectivamente es mi forma de entender este tipo de documentales. Si te limitas a hacer una mera enumeración de películas, no resulta interesante. Sin embargo, si entiendes las motivaciones del personaje, si comprendes su biografía, cómo llega al cine, por qué hace cine… seguramente te interesarán mucho más sus películas.

A nivel formal tampoco te gusta abusar del formato más convencional de entrevistas acompañadas de extractos de películas. Siempre intentas introducir otros elementos gráficos como animación, maquetas…

Te voy a ser sincero. En la medida de lo posible, a mí me gustaría haber podido prescindir más en mis documentales de los ‘bustos parlantes’. Entrevistar, por ejemplo, a Christopher Hampton en Nostromo paseando con él por Londres en lugar de tenerle sentado en una silla. Sin embargo, es inevitable recurrir a esta fórmula por un tema de tiempo y presupuestos, ya que es lo más barato. Por eso siempre he intentando compensar esto con recursos estilísticos que, además, me permiten establecer un mayor equilibrio entre ficción y realidad. Me gusta crear una especie de mundo imaginario que intente captar lo humano de forma diferente a como la captan esas imágenes más convencionales de las entrevistas.

 

 

Tu último documental, 2001 destellos en la oscuridad, sería la culminación de esta aspiración, ya que casi todo el cortometraje está hecho en animación. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Ha sido muy divertido y, como te he dicho, he tenido más libertad estilística que nunca, pero también es cierto que la animación está sujeta a unos procesos de producción casi industriales que luego no dejan mucho margen para cambios. En realidad, la opción de la animación ha sido en este caso casi obligatoria, ya que no tenía sentido rodar en imagen real, cogiendo a un actor que hiciera de Kubrick. Desde mi punto de vista, esto no suele quedar bien.

Cambiando de tema, y centrándonos en tu estatus profesional y en tus métodos de trabajo, estás en una posición muy diferente a otros directores. Hoy en día los cineastas pasan años buscando financiación, mientras que tú, como empleado de TCM y alma máter de su producción propia, tienes la suerte de poder ir sacando adelante los proyectos que va levantando la empresa. Supongo que esto tendrá sus ventajas y sus inconvenientes.

Tenemos una gran suerte, en primer lugar, de que un canal como TCM se interese por documentales que a muchas productoras no les interesarían en absoluto. En segundo lugar, es una ventaja contar con la financiación, que no es muy grande pero es la suficiente para poder hacer un documental bien hecho. El principal inconveniente, para mí, es que estos proyectos los tenemos que hacer a tiempo parcial, compaginándolos con otras labores y restando horas a la vida personal. Lo hacemos en cualquier caso con mucha ilusión, aunque, como no podemos dedicarles toda nuestra jornada, el último mes o mes y medio antes de entregarlos suelen ser destructivos para la salud mental y física [risas].

 

Trabajo

 

Digamos entonces, para que lo gente lo sepa, que tú haces películas a la vez que cumples con tus ocho horas de oficina.

Si, y para mí es súper-excitante. Me encanta. Me encanta el reto. Y sobre todo tengo una suerte: nunca jamás siento que me pueda la presión. Eso sí, hay que tener en cuenta que esto no lo hago yo solo. Lo hago con mucha gente que se esfuerza y que, claro, a veces sufre.

Aún así eres una especie de hombre orquesta: escribes, ruedas, montas… ¿Tienes preferencia por alguno de estos procesos?

Sí, tengo muy claro, y en esto siempre insistía David Lean, que la edición es la clave. Mi mayor aprendizaje en estos años ha sido saber qué es lo que hace falta quitar en una película.

¿Algún otro aprendizaje más?

Sí, no hacer concesiones a terceros. Me encantan las críticas, comentarios… pero es clave saber que tú eres el que tiene tomar la decisión final. Si intentas integrar las opiniones de todos, el producto final acaba siendo un desastre. Para bien o para mal, si te equivocas te tienes que equivocar tú.

 

Goya

 

Has ganado un Goya (mejor corto documental por Regreso a Viridiana) y has estado nominado a otro (mejor documental por El último adiós de Bette Davis). ¿Cuál es tu opinión sobre los premios?

A nadie le amarga un dulce, pero reconozco que soy un poco friki y que en galas como los Goya me interesa casi más ver todo lo que sucede a mi alrededor que ganarlo. Ver a la gente, sus sensaciones, cuando suben, ver lo que hay detrás del escenario, el tipo que te lleva…

Eso es tu faceta de documentalista.

Sí, me gusta observar a las personas y pensar incluso en cómo las grabaría. Deformación profesional. Me interesa un montón, por ejemplo, cómo se empieza a comportar contigo la gente en esas galas. Cómo cambia el trato. Es todo una gran hoguera de las vanidades en la que se cumplen todos los tópicos: el comportamiento falso, la gente que va detrás de los productores… Todo me resulta muy extraño. Sí que tengo claro, de todas formas, que los premios ayudan a promocionar la carrera. Aunque creo que es absurdo diseñar productos para que ganen premios.

¿Y el salto a la ficción? ¿Para cuándo?

Todo lo relacionado con lo prefabricado de la ficción va un poco en contra de mis principios creativos. A veces el proceso de refinado de la idea es tan grande que, en muchos casos, la idea final no tiene nada que ver con el punto de partida. Y cuatro años para levantar una película requiere demasiada vocación. A mí me encantaría hacer ficción pero desde un punto de vista muy artesanal, algo de bajo presupuesto. De todas formas sí que estoy implicado con ficción a través de la producción ejecutiva. Ahora mismo, por ejemplo, dentro de Turner, estamos coproduciendo para el canal TNT la serie Vota Juan, creada por Juan Cavestany y Diego San José y con Javier Cámara de protagonista.

¿Nos recomiendas un documental para terminar?

Últimamente me ha gustado mucho Cartel Land (Tierra de cárteles).

2001 destellos en la oscuridad se proyecta en el Festival de Sitges este sábado 13 de octubre

Diego Soto

 


Escrito por Miércoles 30 mayo 2018

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