‘Sucedió en el cine español’: un lustro sin Alfredo Landa

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A finales de los años 60 y principios de los 70, Alfredo Landa se dedicó con afán incontenible a perseguir suecas en calzoncillos en películas como Amor a la española, Una vez al año ser hippy no hace daño o Manolo, la nuit. Y logró lo que ningún otro actor ha conseguido nunca: definir con su nombre un género (o quizás subgénero): el ‘landismo’.

Los críticos e historiadores han reservado a esos títulos sus calificativos más despectivos. Pero, dejando a un lado su calidad cinematográfica, hay que reconocer a esas películas un valor sociológico y testimonial.

Con la muerte de Franco murió la censura y murió el ‘landismo’. Alfredo Landa se negó a participar en el cine del destape y su hueco lo ocuparon otros actores como Andrés Pajares o Fernando Esteso en subproductos de todavía peor calidad. La carrera de Landa, hasta entonces frenética, sufrió un parón de dos años.

En 1981 José Luis Garci, en contra de la opinión de los productores, se empeñó en convertirlo en detective de cine negro. En El crack el actor compuso un personaje contenido, sobrio, que basaba su fuerza en la mirada. Unos años más tarde, en 1984, aprobó la reválida internacional cuando recibió en Cannes, ex aequo con Paco Rabal, el premio al mejor actor por Los santos inocentes. A partir de entonces ya nadie albergó dudas: Alfredo Landa era mucho más que ‘landismo’.


Escrito por Miércoles 9 mayo 2018

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