‘El seductor’: Eastwood, Siegel y las bajas pasiones

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El seductor

 

“No sé si me gusta o si la odio. Ni siquiera sé si la he entendido”, dijo un desconcertado Clint Eastwood tras terminar El seductor, la novela que Thomas Cullinan escribió en 1966 y que el productor Jennings Lang le dio a leer explorando la posibilidad de hacer una película. El director Don Siegel, con el que Eastwood ya había colaborado en dos ocasiones, se apresuró a abrirle los ojos. “Clintus, si en la Torre Oscura (en referencia a la sede de Universal) nos dejan adaptar este libro, puede que sea lo mejor que nunca hayamos hecho”, respondió Siegel, fascinado por la sordidez y la capacidad perturbadora de la historia.

Efectivamente, convencer a un gran estudio para llevar al cine un relato plagado de temas espinosos (violencia, sexo, alusiones al incesto, adolescentes) no era tarea fácil a principios de los 70, por mucho que películas como Easy Rider estuvieran cambiando la posición moral de Hollywood.

El seductor, una novela ambientada en la guerra civil norteamericana, contaba la historia de un soldado yanqui que, tras ser encontrado herido, era rescatado por un grupo de señoritas y trasladado a un internado del sur. Las mujeres, que viven tan aisladas como reprimidas, empezarán a sentirse fuertemente turbadas por la presencia de ese hombre, y el avispado (y bastante sinvergüenza) recluta aprovechará esa tensión sexual para coquetear con varias de ellas. El transcurso de los días hará que los celos y las bajas pasiones vayan aflorando y ese ambiente enrarecido no tardará en dar paso, directamente, a la tragedia.

 

Eastwood

 

El guionista Albert Maltz fue el primer encargado de adaptar la novela, pero el resultado no satisfizo ni a Eastwood ni a Siegel. Irene Kamp escribió una nueva versión, pero el actor y el director detectaron en ella el mismo problema por el que habían rechazado el guión de Maltz: el relato había sido edulcorado en exceso, y no era fiel a la oscuridad de la historia original. Finalmente, contra todo pronóstico, el guión cayó en manos del productor asociado, Claude Traverse, y éste, que no tenía ninguna experiencia como guionista, fue capaz de integrar de forma certera los cambios que Eastwood y Siegel estaban demandando.

Eastwood, que en gran medida apoyó el proyecto por la oportunidad que le daba de interpretar un papel alejado de sus roles habituales (un tipo de dudosa moralidad que además no acababa bien parado), se encargó por supuesto de encarnar al soldado John McBurney. Para darle la réplica, Universal, que quería compensar la arriesgada temática del film con un reparto lleno de actrices carismáticas, pensó en Jeanne Moreau, pero discrepancias con su salario hicieron que el principal papel femenino fuera para Geraldine Page, que, dando vida a Martha Farnsworth, la mujer al mando de ese colegio de señoritas, acabó firmando uno de los mejores trabajos de su carrera.

En línea con el tono lóbrego de la historia, Don Siegel decidió filmar este siniestro cuento gótico en colores oscuros, y para ello confió en Bruce Surtees, que había sido operador de cámara en películas anteriores del cineasta y ahora era ascendido a director de fotografía, puesto que ocuparía en películas futuras de Eastwood como Escalofrío en la noche o El fuera de la ley.

 

Behind the camera

 

Lamentablemente, como Universal temía, la película fue un fracaso comercial, y contradiciendo su título no sedujo a demasiados espectadores (en parte por la equivocada estrategia publicitaria del estudio, que la vendió como un film de acción estándar). El paso del tiempo, sin embargo, ha colocado El seductor en el lugar que merece, y hoy en día no sólo es considerado uno de los mejores papeles de Clint Eastwood, sino un clásico de culto que, por ejemplo, llevó recientemente a Sofia Coppola a dirigir un remake: La seducción (2017).

El seductor. Martes 1 de mayo a las 11:10 en TCM

Diego Soto


Escrito por Martes 10 abril 2018

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