Irving Thalberg y la fórmula ‘Gran hotel’

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En 1929, basándose en sus experiencias personales trabajando en dos grandes hoteles berlineses, la escritora austríaca Vicki Baum escribió Grand Hotel, una novela protagonizada por varios personajes que se entrecruzaban en un lujoso alojamiento y que se convirtió inmediatamente en un bestseller internacional. Nada más leerla, el legendario productor Irving Thalberg (también conocido como The Wonder Boy por su habilidad innata para escoger buenos proyectos) supo que ese libro escondía grandes oportunidades, y rápidamente se puso manos a la obra para conseguir sus derechos.

Haciendo gala, también, de una saludable prudencia, Thalberg prefirió en primer lugar financiar una obra de teatro en Broadway para poder probar así cómo acogía el publico la historia. La obra, adaptada para la escena por William A. Drake, se estrenó en 1930, y consiguió un éxito tan rotundo que la MGM decidió rápidamente producir la versión cinematográfica.

Lo que la MGM, sin embargo, no sabía es que las ambiciones de Thalberg iban más allá de la mera adaptación de una obra de éxito. Y es que Thalberg tenía un plan. Tan brillante como arriesgado. ¿Por qué no aprovechar que la historia se apoyaba en un reparto coral (planteó al estudio) y reunir en el mismo cast a las estrellas más brillantes de la Metro? ¿Juntar a todas las divas y divos que tenían en nómina y reunir un súper-elenco como nunca antes se había visto? (algo así como un ‘dream team’ de la era pre-code).

 

Grand Hotel interior

 

Con los reparos presupuestarios preceptivos, MGM decidió escuchar a propuesta del ‘chico de oro’ y Gran hotel, la película, acabó convirtiéndose en un proyecto cinco estrellas gran lujo. Los intérpretes que finalmente protagonizaron el clásico, todos ellos primeros espada del estudio en esos años, lo dicen todo: Wallace Beery, John Barrymore, su hermano Lionel, una emergente Joan Crawford y una leyenda consagrada como Greta Garbo (que aquí decía eso de “I want to be alone”).

Para intentar gestionar ese complejo hotel lleno de egos, la Metro escogió a Edmund Golding, un director con mucha mano izquierda que no sólo logró que grandes nombres como Garbo o Barrymore no se pelearan, sino que acabó logrando algo que ningún film ha conseguido hasta la fecha: ganar el Oscar a mejor película sin estar nominado en ninguna otra categoría.

 

Crawford

 

A pesar de su alto presupuesto, el film fue también un éxito económico y acabó recaudando cinco veces lo que costó. Una vez más, Thalberg había acertado. Sin embargo, más que por los premios o la rentabilidad financiera, el productor se sentía satisfecho por otra cosa. “Es posible que el carácter episódico de esta obra sirva como modelo para otras películas”, declaró en una entrevista. “No me refiero a que se vaya a copiar exactamente el modelo de Gran hotel, pero si su estructura y su atmósfera. Por ejemplo, podríamos localizar una historia similar en un tren, con toda la acción sucediendo en un viaje entre dos ciudades; o en un barco, mientras se navega de un puerto a otro”. Es lo que, a partir de entonces, se llamaría ‘fórmula Gran hotel’. Una receta que, evidentemente, hemos visto aplicar a lo largo de la historia del cine en múltiples ocasiones.

Gran hotel. Lunes 2 de abril a las 23:25 en TCM

Diego Soto


Escrito por Viernes 9 marzo 2018

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