Independent Spirit Awards (4): ‘Lady Bird’

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Lady Bird

 

Lady Bird, el film de Greta Gerwig que opta a cuatro premios en los Independent Spirit Awards (sábado en TCM), es una película sobre una joven que no se llama Lady Bird. En realidad, su nombre verdadero es Christine, pero el apodo que ella misma se ha adjudicado resulta especialmente apropiado. Y es que Lady Bird es, por encima de todo, una crónica sobre el abandono del nido. O sobre el síndrome del nido vacío, si analizamos la historia desde el punto de vista de los padres (si a vosotros también os pasa esto, mucho ojo: os estáis haciendo mayores).

Lady Bird es también la primera película en la que Greta Gerwig echa a volar sola. En 2008 ya había codirigido Nights and Weekends con Joe Swanberg, pero es ahora cuando, por primera vez, la heroína de Noah Baumbach en títulos como Frances Ha o Mistress America se arroja al vacío y dirige su primer film en solitario. Un salto de fe que se ha acabado convirtiendo en un lanzamiento en picado hacia el éxito. No sólo por los méritos artísticos de su película, sino por los premios y reconocimientos que ha cosechado con ella (por ejemplo, el Globo de Oro a mejor comedia y la nominación al Oscar como mejor directora).

 

 

Ambientada en la ciudad de Sacramento, en los albores de un siglo XXI que también está saliendo del cascarón, Lady Bird cuenta la historia de una adolescente basada en gran medida en la propia Gerwig. Una joven inquieta y rebelde que, a sus 17 primaveras, y mientras cursa su último año de instituto, sueña con abandonar California y ser aceptada en una universidad de la costa este estadounidense. “Los eventos de la película no son los de mi vida, pero sí la esencia”, contaba hace unos días Gerwig en una entrevista en La Vanguardia, e ilustraba las diferencias entre la realidad y la ficción con una cita de Fellini: “Todo el arte es autobiográfico, por eso la perla es la autobiografía de la ostra”.

El relato de Gerwig (eso que los anglófilos llaman un ‘coming of age’) reúne muchas de las constantes del cine sobre adolescentes americano: los bailes del instituto, la obsesión por la popularidad, las fiestas… Sin embargo, en manos de la directora estadounidense, ese material tan manido parece cobrar nueva vida. En gran parte, en primer lugar, por el estupendo montaje de Nick Houy, lleno de brío y buenas ideas, y en segundo término por el hincapié que Gerwig hace en aquellos elementos que convierten su historia, tan genuinamente americana, en algo universal. Las aventuras y desventuras de Lady Bird McPherson, encarnada por Saoirse Ronan, podrían ser, en definitiva, las de cualquier otra joven de su edad, y los inevitables conflictos que mantiene en pantalla con sus padres, al igual que sus primeras experiencias sexuales, o su necesidad de encajar en el grupo, tienen el acogedor aroma de lo reconocible.

 

Saoirse

 

Rindiendo por tanto homenaje a sus orígenes (a sus padres, a su instituto, a su Sacramento natal), Gerwig rinde también tributo a la juventud de todos los espectadores. A todo eso que dejamos atrás cuando cambiamos las plumas de adolescentes y comenzamos a planear solos. Un film emotivo y cargado de nostalgia que, en gran parte por la aportación de la mirada femenina, se eleva por encima de otros títulos del mismo subgénero y aspira a volar alto no sólo en la gala de los Independent Spirit Awards, sino también en la de los Oscar.

Lady Bird opta a 4 premios en la ceremonia de los Independent Spirit Awards (sábado 3 de marzo a las 23:00 en TCM)

Diego Soto


Escrito por Miércoles 28 febrero 2018

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