‘Toro salvaje’: Scorsese y la autodestrucción

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De Niro

 

Aunque hoy es considerada una de sus mejores películas, lo cierto es que, en su día, Martin Scorsese no tenía ningunas ganas de dirigir Toro salvaje. Fue Robert De Niro quien, tras leer su autobiografía (Raging Bull: My Story), se quedó totalmente prendado de la figura de Jake LaMotta, y quien durante mucho tiempo intentó que su amigo Marty la dirigiera. Sin embargo, Scorsese no estaba ni mucho menos por la labor, tal y como recuerda Peter Biskind en su libro Moteros tranquilos, toros salvajes: “El director leyó un par de capítulos y le pasó el libro al guionista Mardik Martin. No le interesaba el boxeo, nunca había ido a ver un combate”. La opinión inicial de Martin tampoco ayudó: “El problema de Toro salvaje es que esa maldita historia ya se ha contado cientos de veces; un boxeador perseguido por la mafia que tiene problemas con su hermano y con su esposa, y no quiero hacer otra película con el mismo esquema porque eso ya se hizo en El ídolo de barro“.

Robert De Niro, sin embargo, tenía un as en la manga: había conseguido que los productores Irwin Winkler y Robert Chertoff financiaran la película y, dado que en esas fechas Mardik Martin trabajaba para ellos, el guionista no tuvo más remedio que escribir un borrador del film. Aún así, Scorsese (que en esa época se encontraba profundamente desmoralizado por el fracaso de New York, New York) insistía en permanecer ajeno al proyecto. Hasta que un día Mardik Martin le dijo algo que le interesó: “Tengo una buena escena que te va a gustar. Mira, son dos gladiadores, como en Roma, dos tipos luchando cuerpo a cuerpo, y toda esa gente rica entre el público: abrigos de piel, esmóquines, todos sentados en primera fila. Después, Bobby encaja un puñetazo en la cara, la nariz le empieza a sangrar y aplica a todos esos ricos, lo trajes, las pieles…”. “Vaya, eso es estupendo. Me encanta. Déjame leer el guión”, respondió Scorsese.

 

Sangre

 

Martin logró captar por fin la atención del cineasta neoyorquino, pero Scorsese, pese a todo, seguía todavía sin saber qué hacer con la historia: “Yo sabía qué había querido decir con Malas calles, y también con Taxi Driver. Y hasta sabía lo que había querido decir con New York, New York. Pero sé que no sabía de qué demonios iba Toro salvaje“.

Buscando nuevas ideas, Mardik Martin, Scorsese y De Niro acordaron pasar el guión a Paul Schrader, para que trabajara en otra versión. Schrader, que ya había debutado en la dirección, aceptó a regañadientes (“no se moría de ganas de remendar guiones ajenos”). Sin embargo, en sus sesiones de escritura en un lúgubre bar de Melrose (“un lugar estupendo para que te violaran”, según el productor Don Simpson) aportó a la película un elemento fundamental: la tensión entre Jake LaMotta y su hermano Joey, que terminaría siendo interpretado por Joe Pesci.

 

Pesci

 

Junto a esas buenas ideas, sin embargo, el guión de Schrader (fiel a la compleja personalidad de su autor) aportaba también una buena dosis de palabras procaces, diálogos delicados y escenas de fuerte carga violenta y sexual. El tono general de film, como es natural, asustó a los productores, que temían que la película recibiera la calificación X. De Niro, Schrader y Winkler mantuvieron fuertes conversaciones al respecto, y entonces, en medio de esa pequeña crisis, se produjo una crisis aún mayor: Scorsese, adicto a la cocaína y entregado desde hace tiempo a una vida de excesos, sufrió un colapso total a cuenta de una fiesta con droga en mal estado. “Sangraba por la boca, sangraba por la nariz, sangraba por los ojos y el culo. Estuvo a punto de morir”, recuerda Mardik Martin.

 

Scorsese

 

De Niro fue a visitar a su amigo al hospital de Nueva York y, tras interesarse por su estado (sus malos hábitos habían agotado sus reservas de plaquetas), sacó el tema de Toro salvaje. “¿Vamos a hacerla o no?”, preguntó el actor. Y, por primera vez, el convaleciente Scorsese, un genio que llevaba años coqueteando con la tragedia por culpa de sus adicciones,  asintió con convicción. “Finalmente había encontrado algo que podía engancharlo con la historia del personaje”, explica Peter Biskind. “La autodestrucción”.

La película, que se convirtió en una leyenda y en un éxito rotundo de crítica, fue sin embargo un tremendo fracaso comercial. Un desastre que marcaba el final del nuevo Hollywood de los 70 y abría paso a un nuevo tipo de cine en los 80. “Toro salvaje era una ballena varada en las costas de la nueva década”, recuerda Biskind. “Era una película para un actor, una película que valoraba el personaje por encima del argumento (…) Con su nada romántico aspecto de tabloide, en blanco y negro, su violencia feroz y directa y esa escoria humana como personajes (…) estaba a años luz de los melosos y optimistas bodrios de la contrarrevolución cultural que se avecinaba. Scorsese se había negado a seguir el programa, había filmado un anti-Rocky y se se había reñido de La guerra de las galaxias. Y lo pagaría”.

Toro salvaje. Martes 29 de mayo a las 19:55 en TCM

Diego Soto


Escrito por Domingo 25 febrero 2018

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