Roderick Jaynes, el montador fantasma de los Coen

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Atendiendo a su currículum, Roderick Jaynes es uno de los montadores  más prestigiosos del cine reciente. Sólo trabaja con dos directores, los hermanos Coen, pero la nómina de películas que ha montado para ellos asusta: Barton Fink, El gran Lebowski, A propósito de Llewyn Davis… (en realidad, acabaríamos antes citando los tres únicos films en los que no ha colaborado con los genios de Minnesota: Arizona BabyMuerte entre las flores y El gran salto). Si además analizamos las circunstancias personales de Jaynes, el mérito de su trabajo aumenta. Roderick Jaynes vive en Inglaterra, en Haywards Heath (58 kilómetros al sur de Londres), por lo que no tiene un contacto directo con la pareja de cineastas. Además no es ningún jovenzuelo: tiene cerca de 90 años, una circunstancia que, aunque parezca increíble, no es lo más sorprendente en lo referente a su edad. Y es que Roderick Jaynes, atención, lleva siendo un nonagenario desde 1984, el año en que montó la primera película de los Coen: Sangre fácil.

A estas alturas, el lector no informado se preguntará cómo es esto posible. Cómo este longevo montador (al que imaginamos como el anciano rabino de Un tipo serio o el socio decano de Crueldad intolerable) ha logrado detener de esta manera el tiempo. La respuesta, como la sangre, es muy fácil. Y muy coeniana. Y es que Roderick Jaynes, al igual que la historia real en que se basa Fargo, no existe. Es sólo  producto de la imaginación de los Coen, que llevados por su proverbial alergia al protagonismo decidieron inventarlo para que su nombre no se repitiera tantas veces en los créditos (la foto que encabeza este post también fue facilitada en su día por los hermanos).

 

Créditos

 

El único problema con estas bromas es que, a veces, determinadas coincidencias pueden hacer necesaria la comparecencia de estas personas irreales. Y eso es justamente lo que sucedió en 1997 cuando el bueno de Jaynes (“un viejo infeliz y gruñón” en palabras de Ethan Coen) fue nominado al Oscar por el montaje de Fargo. Cuando le preguntaron por él, los Coen confirmaron que Jaynes cruzaría el charco para asistir a la ceremonia. Sin embargo, llegado el gran día, Roderick no estaba allí. “Oh, ha vuelto a su casa de Haywards Heath a ver cricket por la TV”, explicaron los directores, tal y como se puede leer en la biografía escrita por Ronald Bergan.

La realidad (también muy coeniana) era bien diferente. Demostrando una vez más su peculiar sentido del humor, Ethan y Joel habían convencido a Albert Finney para que se pusiera un disfraz y acudiera a la entrega de premios haciéndose pasar por un amigo de Jaynes. Sin embargo, la Academia no lo permitió. La culpa la tenía Marlon Brando. Y es que desde que en 1973 el actor enviara a una nativa americana a recoger su estatuilla, la Academia no permitía delegar en nadie la aceptación del premio.

Desafortunadamente, el premio fue a parar finalmente a Walter Murch por El paciente inglés, por lo que Jaynes no tuvo que subir al escenario. Años después, en 2008, tuvo una nueva ocasión de salir del anonimato al volver a ser nominado por No es país para viejos, pero de nuevo el galardón cayó en otras manos (Christopher Rouse por El ultimátum de Bourne).

Jaynes, por tanto, sigue esperando su turno. Viendo interminables partidos de cricket en la campiña de Sussex y pensando, seguramente, en cómo editarlos.

Fargo. Miércoles 4 de abril a las 18:40 en TCM

Diego Soto


Escrito por Viernes 23 febrero 2018

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